A Diego Padilla, biólogo limeño, no le gusta que digan que su ciudad es gris. “No porque suene a que es triste u oscura –explica– sino porque no es verdad. Cuando escucho esas referencias, me doy cuenta de que realmente no estamos mirando nuestros valles ni nuestras lomas, y peor aún: que no las estamos cuidando”, explica.

La capital peruana es la ciudad más poblada del país. Desde los años 50, debido a la migración interna, su crecimiento desordenado hacia las periferias creó nuevos barrios y asentamientos que han terminado por ocupar muchas de las zonas protegidas. Precisamente este tipo de crecimiento urbano sin planificación es el que ha puesto en riesgo algunos espacios ecológicos y arqueológicos de la ciudad.

Para intervenir positivamente en esta realidad, Diego Padilla creó Centro Urbes, una asociación civil sin fines de lucro que cree posible reconciliar las ciudades con la naturaleza. “Tenemos una mirada científica y social, porque no solo nos enfocamos en la conservación de la naturaleza, sino en una conservación que genere beneficios a las comunidades que la rodean”, explica Diego, mientras hace un alto al recorrido por las Lomas de Amancaes del Rímac, uno de los distritos más céntricos de la ciudad y que esconde un espacio natural a pocos metros del Palacio de Gobierno.

Vivir en armonía

Como cada fin de semana, Diego y el equipo de Centro Urbes se suman al silencioso trabajo de conservación que hacen Haydee Cerrón y Pedro García, vecinos de las Pampas de Amancaes del Rímac y fundadores de la asociación civil Protectores Ambientales de la Flor y Lomas de Amancaes (PAFLA). Ellos han decidido ponerse manos a la obra en la preservación y sostenibilidad de un circuito turístico que ponga en valor este espacio natural.

“Es muy valioso ver cómo estas comunidades no solo pueden coexistir con este espacio natural, sino que como PAFLA, pueden convertirse en sus gestores y guardianes. Ahí te das cuenta que pese a todas las limitaciones que puedan tener, su deseo por conservar y vivir en armonía, es mayor”, asegura Diego.

Para que más espacios encuentren esta convivencia armónica, Centro Urbes trabaja en una estrategia que, centrada en tres líneas de acción -el desarrollo comunitario, la incidencia y la investigación-, permita lograr la resiliencia de estos espacios ante nuevos fenómenos como el cambio climático. 

Diego Padilla es biólogo de la Universidad Agraria La Molina y presidente del Centro Urbes. 

“Nuestro enfoque es sociológico y ecológico”, señala Diego. Además de trabajar por lograr incidencia política a través de acciones concretas con los representantes de los gobiernos locales y centrales, trabajan activamente con la comunidad para dar soluciones a los problemas que surgen en su entorno. Además, le dan gran importancia a la evidencia científica que puedan obtener de la investigación. “Con la investigación podremos preservar especies naturales que ayuden a la resiliencia de otras especies frente al cambio climático, pero además podremos plantear soluciones que puedan ser adaptadas a otras realidades de la región”, sostiene.

El trabajo desarrollado por Centro Urbes en distintos espacios ecológicos de la ciudad ha hecho que su labor sea reconocida como uno de los proyectos más valiosos del país y acreedor al título de Protagonistas del Cambio 2017. El galardón, entregado por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas desde el 2010, busca reconocer y potenciar el liderazgo y espíritu innovador de los jóvenes emprendedores sociales. Coca-Cola es aliado estratégico del premio desde hace más de cinco años, y colabora activamente con el éxito de esta organización.

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