Cuando Luke Boggs asumió un cargo importante en la sede central de Coca-Cola en Atlanta, decidió que vestiría mejor. "Durante cinco años trabajé como independiente en una oficina en un sótano, así que cuando llegué a la Compañía Coca-Cola pensé que sería una buena idea llevar corbata la mayor parte del tiempo", explica Boggs a Coca-Cola Journey.

Unos meses después, comenzó a preguntarse qué otra clase de corbatas podría añadir a su repertorio semanal. Una rápida búsqueda en eBay le dio la clave. "Encontré antiguos diseños en los que aparecía Coca-Cola, y eran estupendos. Afortunadamente, tenían el ancho que ahora está de moda”, relata. “Como nuevo empleado de la Compañía, pensé: “¿quién las va a llevar mejor que yo?”. Y enseguida compró algunas.

Poco a poco, este “loco Coca-Cola” fue creando su particular colección, que actualmente se compone de más de 20 corbatas vintage. De todas ellas, su favorita es una azul marino con rayas diagonales y pequeñas botellas de Coca-Cola, obra del modisto francés Givenchy. Boggs asegura que nunca ha pagado más de 30 dólares por corbata y que normalmente las adquiere por 5-10 dólares. "No se ha convertido en un capricho caro... todavía", bromea.

Algunas de las corbatas de la colección de Luke Boggs

 

Corbatas que encierran multitud de historias

Gran parte de estas corbatas las usaban personas importantes de la Compañía hace décadas. "Precisamente, su autenticidad es lo que hace que me resulten tan atractivas. Además, no parece que hayan sido diseñadas como merchandising; la marca está ahí, pero de forma sutil”, manifiesta. “¡Cuántas veces me pregunto sobre las historias de toda esa gente que las usó hace 30 o 40 años!”, exclama.

Según este empleado, que en esta época donde predomina el look casual, el prefiere el estilo formal de la vieja escuela. Sus corbatas también son una buena manera de romper el hielo. “Por ejemplo, estoy en una tienda o en un restaurante y, al ver la corbata, la gente me suele preguntar si trabajo en Coca-Cola. A partir de ahí me cuentan lo mucho que les gusta la marca”.

Boggs recuerda con especial cariño el momento en el que, estando en una pizzería de Atlanta, fue abordado por una mujer africana que se percató de que en su corbata aparecía la palabra Coca-Cola en varias lenguas. “Ese es mi idioma”, le dijo, señalando la prenda. “Eso también te da una idea de la universalidad de la marca”.

Quizás algún día las corbatas de Boggs pasen a formar parte del Museo de Coca-Cola en Atlanta, que alberga todo tipo de objetos relacionados con la bebida más famosa del mundo.