Todos los que trabajamos en Coca-Cola Perú sabemos que Polly Ana Lanfranco, Asistente del Country Manager, a quien cariñosamente llamamos “Polly”, corrió los 42 kilómetros de la Maratón de Nueva York. Muy pocos, sin embargo, conocen las razones que la incentivaron a hacerlo y cómo la Compañía apoyó su entrenamiento.

Detrás de su sonrisa y brillantes ojos verdes se esconde una increíble historia de amor. A los tres años de edad, a su pequeña hija Pauline se le detectó un tumor en el cerebro que la llevó a un sin número de tratamientos. Luego de muchos esfuerzos de varios especialistas, murió a los cuatro años y medio. 

“Durante su enfermedad, la Compañía me apoyó muchísimo. Las personas de la oficina me preguntaban qué necesitaba, me enviaban tarjetas y estaban al pendiente de mi hija. Dentro de lo súper doloroso que es pasar por una experiencia así, hay que rescatar las cosas buenas”, narra.

Pese al fallecimiento de su pequeña, Polly no se dio por vencida. Se volvió una destacada maratonista que ha participado en diversos eventos deportivos, incluyendo la Maratón de Nueva York.

Cuando tomó la decisión de participar de esta exigente prueba, les propuso a sus compañeros de trabajo que apostaran por la cantidad de kilómetros que alcanzaría a completar. Había decido que el dinero que se recaudara en esta apuesta beneficiaría a los niños del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN). La idea fue bien recibida y rápidamente compartida fuera de la Organización, formándose una cadena de interesados en la noble causa. 

Llegó el día….

Finalmente, un noviembre de 2008, Polly escuchaba el campanazo que daba inicio a la Maratón. El entusiasmo y las arengas de su hijo Augusto la motivaban a seguir adelante en el sueño de completar los 42 kilómetros. Y si hay algo que caracteriza a Polly es su optimismo y sus ganas de salir adelante. 

Todos los apostadores estaban pendientes del desafío.

Haciendo honor a su tenacidad y espíritu, Polly logró completar los 42 kilómetros, recaudando US$42 mil que fueron depositados por aquellos que se sumaron a la campaña en una misma cuenta bancaria. “Sentía que estaba volando. Me faltan palabras para describir la felicidad, el amor y la solidaridad al cruzar la meta aquel noviembre del 2008. Miré al cielo y dije 'misión cumplida, Pauline'”.

Durante su preparación y entrenamiento, Polly recibió el apoyo de sus jefes y compañeros de trabajo, quienes la ayudaron a preparase. "Estaban orgullosos, muy comprometidos conmigo. El Gerente de Marketing de esa época me dijo que era una de las mejores campañas que había visto en su vida".

Los medios de comunicación fueron partícipes de esta cruzada. La historia de Polly fue difundida por varios canales de televisión y prensa escrita. “Mi jefe de ese entonces, Hernán Lanzara, era relacionista público y me preparaba para las entrevistas. Siempre me decía que fuera, incluso en horarios de oficina”, comenta.

Los días de Polly en las oficinas empiezan a las 8:30 am. “Las jornadas son intensas, llenas de coordinaciones, siempre cosas por hacer. Las horas se pasan volando, pero siempre estoy feliz de trabajar aquí”, cuenta. 

En sus 30 años de trabajo en la Compañia, esta maratonista de la vida ha aprendido a creer que lo imposible se puede lograr, que Coca-Cola, más allá de ser una empresa, es un lugar lleno de amigos que alientan a seguir adelante. Como la describe Polly: “Coca-Cola es una Compañía mágica”.