Laura Quispe lleva el legado de su madre en el pecho. Justo del lado del corazón. El logotipo de Almacenes Laurita, bordado sobre su blusa, no es solo el distintivo de una cadena de tiendas fundada hace 13 años. Es, sobre todo, el recordatorio de una historia que empezó con una madre vendiendo frutas y verduras en un mercado y continuó con una hija, graduada en Administración, capaz de reinventar el negocio de la familia.

En medio del salón principal de la sucursal de Lurín, Laura se empeña en que ninguna góndola luzca vacía. Cuatro meses de inactividad a causa de la pandemia la tienen inquieta. Decidió reabrir este local con el propósito de recuperar el tiempo perdido. No lo puede evitar: de su madre Laura Villa no solo heredó el manejo del negocio y su propio nombre, sino también esa búsqueda incansable de la eficiencia.

Frente a la pandemia, Laura decidió que la sucursal de Lurín, dedicada a la venta de menaje y artículos de plástico, se convirtiera en minimarket.

Ser mejor cada día. Ese es su sello de identidad. No hace falta que lo diga: es tan Laura como su madre. Así como creció viéndola edificar un negocio a puro sudor en el Mercado de Productores de Santa Anita, ahora ella como hija ha aceptado la misión de impulsar la cadena de tiendas en medio de una crisis global sin precedentes. El reto no es sencillo, pero Laura se siente capacitada para afrontar los desafíos del futuro.

De algún modo, su madre la preparó para este momento. No solo con las lecciones diarias en el negocio familiar, sino también solventándole una carrera universitaria. “Yo soy el fruto de ella, de su éxito, porque me ha podido dar una buena educación y una buena vida”, dice Laura, convertida ahora en administradora profesional y subgerente de Almacenes Laurita. En 2016, ganó una beca para estudiar una maestría en Ciencias Empresariales. Todo lo aprendido en las aulas supo aplicarlo en sus tiendas de Santa Anita y Lurín.

El espíritu emprendedor de la familia se refrescó con ideas innovadoras. Así como su madre decidió hace 13 años dar el salto del mercado a los almacenes, Laura siguió sus pasos reinventando una vez más el negocio, pero desde lo digital. “Me di cuenta de que había que ir evolucionando, estar al día con la tecnología. Los clientes ya no solo venían a la tienda, sino que además nos buscaban por teléfono, por WhatsApp o por redes”, recuerda.

Antes de la pandemia, Laura entendió que debía digitalizar sus tiendas para satisfacer mejor a los clientes. La creación de un catálogo web le sirvió de mucho una vez que se decretó el distanciamiento social. Pero, además, pudo complementar esa plataforma con otra herramienta: Wabi. La novedosa app de compras online, impulsada por Coca-Cola, permitió que se conectara con nuevos clientes.

Almacenes Laurita es uno de los 200 comercios afiliados al sistema de canje de Wabicréditos, impulsado por Coca-Cola Perú, CARE Perú y Wabi.

En el caso de Aldeas Infantiles SOS Perú, uno de sus principales clientes en Lurín, el vínculo se estrechó aún más. A raíz de la alianza entre Coca-Cola Perú y CARE Perú, con el apoyo de Wabi, la organización recibió Wabicréditos para ser canjeados por víveres en los negocios afiliados a la aplicación, como Almacenes Laurita. “A la directora de Aldeas Infantiles la conocemos hace tres años. Gracias a Wabipay hemos seguido atendiéndola”, explica Laura.

Esta iniciativa, que forma parte de la plataforma regional de Coca-Cola, Juntos Salimos Adelante, no solo lleva ayuda humanitaria a las comunidades más vulnerables, sino que además reactiva la economía de las bodegas como Almacenes Laurita y acelera su proceso de digitalización. “Wabipay me parece una plataforma muy práctica, ágil y beneficiosa para todos aquellos que realmente necesitamos seguir digitalizándonos y generar ingresos”, dice Laura.

A través de esta iniciativa, se están entregando KitCARE con alimentos de primera necesidad e implementos de limpieza a 92 Familias SOS de Aldeas Infantiles SOS Perú en 9 regiones del país y a 800 hogares en situación de vulnerabilidad en Lima, Piura, Junín y Arequipa. El diseño de este programa de canastas virtuales permite, por un lado, contribuir a la seguridad alimentaria de más de 3.800 personas en 10 regiones del país y, por otro, ayudar a la reactivación de cientos de bodegas.

Este impulso ha empezado a dar resultados. Después de cuatro meses con las puertas cerradas, la sucursal de Almacenes Laurita en Lurín logró reanudar la atención. Ya no como tienda de menaje y artículos de plástico, sino como minimarket. “Hemos tenido que reestructurar todo. Debido a la pandemia, vimos que hay una gran demanda de abarrotes y productos para el hogar. Decidimos adaptarnos a esa necesidad”, cuenta Laura.

La entrega de productos a domicilio se realiza bajo todos los cuidados necesarios. Laura vigila al milímetro el cumplimiento de los protocolos de seguridad.


Silvia, Beatriz y Carla, sus colaboradoras en Lurín, han sabido acompañarla para afrontar este nuevo desafío. El compromiso de las tres la fortalece. “Mi responsabilidad ahora en la empresa es mantener un orden para que no solo yo me sienta contenta, sino también todos nuestros colaboradores y nuestra familia”, dice Laura. Por supuesto, la más orgullosa es su madre que sabe que su nombre y su legado están en buenas manos.

En Perú, gran parte de nuestros 340.000 clientes son pequeños comercios de barrio como el que gestiona Laura; bodegas y minimarkets que representan el principal ingreso familiar. Ellos forman parte de nuestra extensa cadena de valor en el país, que emplea a más de 12.000 personas de manera directa e indirecta e incluye, entre otros, a choferes, operarios y nuestra fuerza de ventas.

Con las acciones de la iniciativa regional Juntos Salimos Adelante buscamos impulsar el desarrollo de las personas y comunidades que forman parte de la cadena de valor, un eslabón fundamental para que puedas disfrutar de tus bebidas favoritas en cada momento y lugar.