Una gravísima preocupación que se suma al temor al coronavirus es el hambre. Imposibilitados de generar ingresos en el día a día, millones de peruanos sienten en sus bolsillos las consecuencias del confinamiento obligatorio y el acceso a alimentos es una emergencia nacional. Ante ese panorama, el Banco de Alimentos del Perú es una organización clave para poder ayudar a quienes más lo necesitan.

Los seis años de experiencia de esta organización en la lucha contra la anemia y la desnutrición le han permitido responder de manera eficiente a los desafíos que plantea la crisis del coronavirus, pudiendo llevar alimentos e hidratación a los afectados por la pandemia. El mecanismo es simple: a través de una cadena de donativos, que rescata alimentos a punto de ser desechados (excedentes de producción o con error de envasado), logra alimentar a los más vulnerables.

Ante esta tarea, las empresas del sector industrial, los grandes mercados de abasto y las cadenas de supermercados han resultado decisivas para responder ante una mayor demanda de víveres. “El Banco de Alimentos atendía mensualmente a entre 50.000 y 80.000 personas; pero el primer mes de la cuarentena atendimos a 140.000 y ahora estamos llegando a 180.000 personas”, cuenta Daniela Osores, Gerenta General de la organización.

Durante el mes de abril, el Banco de Alimentos del Perú logró rescatar 102 toneladas de frutas y verduras del Mercado Mayorista de Lima. 

Así como los beneficiarios se han triplicado, los donativos también. Además de excedentes, la solidaridad de las empresas se ha reflejado en donaciones de una mayor cantidad de productos para hacer frente a la complicada coyuntura.

Hasta ahora, las 1.496 toneladas de alimentos e hidratación recolectadas en los últimos dos meses han permitido entregar unas 6 millones de raciones a 279 organizaciones benéficas en 12 departamentos del Perú. “Cada donación tiene una duración de siete días por lo menos. Y nos preocupamos de regresar a tiempo para que nuestra presencia sea continua y sostenida”, explica Daniela.

Coca-Cola Perú y Arca Continental Lindley forman parte del grupo de 85 empresas que ya se han sumado a la iniciativa y juntas han donado 56,5 toneladas de bebidas desde que empezó el estado de emergencia. “Han sido dos de las empresas que más rápido han respondido a nuestro llamado con grandes cantidades de agua”, cuenta Daniela, aunque aclara que el vínculo es de larga data: “Desde hace un par de años tenemos un convenio firmado y venimos trabajando juntos”.

Pero, por estos días, la necesidad va en aumento. Cada vez más organizaciones solicitan ayuda al Banco de Alimentos para aliviar el hambre en sus comunidades. “Nos llegan 100 solicitudes al día, ya sea por teléfono, correo o redes. Nos cuesta procesar y evaluar cada una de ellas, pero respondemos a todas”, dice Daniela. Un equipo se encarga de corroborar la urgencia detrás del pedido y el grado de vulnerabilidad. No es una tarea sencilla.

La prioridad la tienen ancianos, embarazadas y niños con discapacidad. Ninguno de ellos puede esperar demasiado. “Si no atendemos un pedido, sabemos que muchas personas dejan de comer. Lo que nosotros hacemos repercute en miles de peruanos. Es una responsabilidad abrumadora, pero también un honor y una bendición poder ayudar a otros”, cuenta Daniela, que ha dedicado 23 de sus 30 años a la labor social, desde voluntariados en su niñez hasta emprendimientos sociales como profesional.

Mientras la mayoría de los peruanos cumple la cuarentena en sus casas, en el Banco de Alimentos del Perú no hay descanso ni feriados. La carga de trabajo ha aumentado: mayores pedidos, mayores controles para desinfectar y preservar los alimentos, mayores viajes y entregas. Al día se pueden rescatar más de dos toneladas de frutas y verduras del Mercado Mayorista de Lima. “Solo en abril conseguimos 102 toneladas”, explica orgullosa Daniela.

Por eso, cuando recuerda que al año se desechan casi nueve millones de toneladas de alimentos en buen estado, Daniela sabe que no es imposible vencer al hambre durante esta pandemia. Pero sabe que el desafío será enorme. “Nadie está dimensionando lo que se viene. Por eso el Banco de Alimentos debe estar aún más preparado”, dice. Siendo así, dos retos son los más inmediatos: llegar a atender a 300.000 personas al mes y abrir bancos de alimentos en más regiones del país.

Apoyados en una red de voluntarios, el Banco de Alimentos ha podido llevar 6 millones de raciones a 279 organizaciones benéficas en 12 departamentos del Perú. 

Y es que descentralizar la atención es crucial en favor de los más vulnerables. En el Perú solo hay un banco afiliado al Global Foodbanking Network, a diferencia de otros 31 países en donde operan en total 811 bancos de alimentos. “Atendemos lo que hacen diez de ellos en otros países”, indica Daniela.

Y basta un ejemplo. Usualmente el Banco de Alimentos usa fondos donados para gastos operativos y logísticos, pero por estos días han tenido que recaudar más fondos para comprar lejía, mascarillas, guantes y hasta 30 toneladas de menestras. Algo impensado meses atrás.

Antes de la cuarentena, Daniela tampoco hubiera imaginado que prepararían una olla común para “los caminantes” que intentaron volver a sus provincias desde Lima. Aliados con el comedor popular Qikyu Sisa de Pachacamac, alimentaron a mil personas con los estómagos vacíos. Ese día, Daniela valoró aún más el impacto de su organización. “Los banco de alimentos están jugando un rol fundamental en esta coyuntura. Ahora más que nunca se refleja la importancia de la alimentación. Es la base de todo”. ///

¿Cómo puedo ayudar al Banco de Alimentos?

1. Si eres una empresa, dona alimentos en buen estado que perdieron valor comercial, aún aptos para el consumo humano.

2. Si eres un comerciante del Gran Mercado Mayorista de Lima, puedes entregar verduras y frutas en buen estado que estén a punto de desecharse.

3. Si eres un ciudadano, puedes donar dinero a las cuentas del Banco de Alimentos del Perú, como parte de la campaña #UnidosEnCasa, o a través de Yape, Lukita y Glovo.