Un restaurante de comida norteña se transformó en minimarket. Más que una estrategia,  es un acto de resistencia. Mesas convertidas en la sección verdulería. Morteros utilizados como recipientes para las monedas. Un letrero de menú que ahora anuncia frutas, pollo y embutidos. La necesidad es la madre del ingenio. Los nuevos tiempos exigen resurgir y reinventarse.

Y Christian Lindauro, un joven empresario gastronómico, tiene claro que esa es su única opción. No tiene dudas. Después de nueve años de seducir paladares y consentir barrigas con “El Mortero, Sabor Peruano” en Surquillo, debió cerrar la cocina y apilar las doce mesas de su salón debido a la situación causada por la pandemia. Tres meses de incertidumbre fueron suficientes para tomar una decisión: el restaurante debía renacer.

En medio de ese proceso, una novedosa herramienta le ha permitido facilitar la transición hacia el minimarket: la app Wabi, impulsada por Coca-Cola, especializada en compras a distancia. “Gracias a Wabi he podido armar un catálogo virtual de todos nuestros productos. Nos ha permitido generar pagos con tarjeta y ofrecer un servicio de calidad. Se ha vuelto un socio estratégico para nosotros, que nos permite seguir creciendo”, afirma Christian.

Sin costo alguno ni cobro de comisiones, Wabi aumentó su cartera de clientes en pocos meses. “Lo que corresponde es motivar a más bodegueros, a más tiendas, a que confíen en la app de Wabi porque va a ser de gran ayuda para generar mayor crecimiento”, explica Christian. Desde su experiencia, la digitalización ha resultado esencial para ser más competitivo y responder a las exigencias del distanciamiento social.

Un nuevo comienzo

En medio de una calle solitaria de Surquillo, Christian se apura en abrir el portón metálico que resguarda el negocio de su vida. Adentro ya no hay mesas con manteles, ni cartas con los principales platos del día. Mostradores, exhibidores de bebidas y góndolas repletas de productos forman parte del nuevo paisaje. “Desde mayo de este año, debido a la pandemia, tuvimos que adaptarnos”, cuenta Christian con el optimismo intacto.

Así como le costó edificar el sueño del restaurante propio junto a su esposa Kelly en 2011, el nuevo reto que enfrenta ahora supone repensar el modelo de negocio, reconvertir el restaurante en minimarket, pero manteniendo la principal fortaleza. “Decidimos que la cocina siga abierta para entregar comida por delivery”, dice Christian.



Las crisis apremian, pero ofrecen nuevas oportunidades. Para Christian, un hombre de fe, son como Dios: ajustan, pero no aprietan. La mejor demostración es que el restaurante “El Mortero” se ha diversificado: es minimarket y restaurante. Es cierto, ya no atiende de forma presencial, pero mantiene la carta de platos norteños y marinos. Los pedidos ahora llegan por WhatsApp y las entregas se hacen en una bicicleta que maneja el mismo Christian.

El bautizo con un nuevo nombre ha terminado de sellar el renacimiento: “El Mortero Perú Market” es ahora una despensa no solo para los clientes que llegan sorprendidos al nuevo minimarket, sino también para los cocineros de Christian que toman tomates, limones y papas de la sección verdulería. “Definitivamente hemos ganado porque hemos abierto una empresa más. Y ahora ofrecemos dos alternativas para los clientes”, afirma Christian.

Cada mañana, muy temprano, los ‘Morterolovers’, como se llama el grupo de clientes en WhatsApp, recibe el menú del día. Mientras tanto, Christian multiplica los brazos para conseguir los insumos para la cocina, despachar pedidos, atender clientes, recibir proveedores. “Yo hago de administrador, de bodeguero, de atención al cliente. Me voy y reparto los pedidos. Si veo que algo está sucio, trapeo. Hago de todo”, dice.

Los 15 años de trabajo en el mundo de los supermercados que tuvo previamente le han servido para tener una mejor visión del negocio. Los riesgos siempre están, pero hay que enfrentarlos con optimismo y decisión. “Sentimos que hemos ganado en muchas formas, y que esta pandemia si bien es un tema de cuidado, nos ha abierto las posibilidades a un mundo muy distinto al que conocíamos antes”, cuenta, orgulloso de sí mismo.

En el frontis de su local, el letrero colocado sobre la entrada sigue siendo el recordatorio de una historia con mucho empuje y sazón: “Restaurante El Mortero. Sabor Peruano”. “Me emociona ver mi logo porque siento que sigue allí bien alto”, dice. Sea como restaurante o como minimarket, para Chistian lo más importante es que sigue siendo el sustento de su familia, el apoyo necesario para sus trabajadores y el motivo para esforzarse cada día.