Chassé, temps-levé / paso, paso, Grand jeté”, ordena Maricarmen Silva al ritmo de una melodía de cajita musical, ante un salón con más de 40 niñas con tutús rosados, balerinas y moños altos. Después de diez años al frente del taller gratuito que decidió montar en el colegio Brigida Silva de Ochoa, en Chorrillos, la exintegrante del Ballet Nacional y fundadora del Ballet Municipal de Lima ha conseguido lo inimaginable: que estas futuras bailarinas se convenzan de que no existen límites para sus propios sueños.

El reciclaje ha sido el mejor aliado de Maricarmen en esta tarea. Una vez que recibió la noticia de que habían logrado un cupo para competir en el All Dance World international 2019 en Orlando, Estados Unidos, sabía que costear el viaje para 14 de ellas sería casi imposible. Sin embargo, al ver la ilusión de sus niñas de llegar al mundial de ballet y visitar Disney World hizo que les planteara un desafío. “Entre todas decidimos empezar a reciclar, desde botellas hasta cartones, para financiar nuestro viaje”, cuenta, entusiasmada.

La misión empezó en setiembre del 2018. Diez meses después de recolectar botellas en los alrededores del colegio, en restaurantes amigos y en las calles de Chorrillos, los resultados las alientan a seguir. “Hemos juntado como 1.500 kilos de botellas”, dice Maricarmen, una mujer de fe, para la que no existen los retos imposibles.

Las hermanas Kate y Nicole se han acostumbrado a subir y bajar sin descanso las escaleras que llevan a su casa, y cada vez que se cruzan con un envase en el camino lo recogen y lo guardan. Cada botella recolectada las acerca un poco más a su sueño.

Las más de 40 alumnas que tiene Maricarmen se han sumado a la campaña de reciclaje para recaudar fondos con miras al All Dance World international 2019 en Orlando.
 


“Al principio les costaba reciclar, pero ahora saben que no solo nos permite generar más ingresos, sino que ayudamos a los delfines, a las ballenas o a las tortugas. Cuidamos el medio ambiente”, dice Maricarmen, quien todos los días llega al colegio cargando varias bolsas con botellas y cajas con papeles y periódicos. Con ayuda de María, madre de una de sus exalumnas, y Margarita, abuela de Azul, Mailey y Zoe, ordenan todo lo recolectado.

En un improvisado almacén se acumula la esperanza de 14 niñas que anhelan ir a Orlando a finales de noviembre. La meta está cada vez más cerca. Los pasajes ya están asegurados. Las visas, en trámite. Lo que resta, ahora, es costear la estadía. Cada envase recuperado es una moneda más en esta alcancía con forma de ilusión. “Vamos paso a paso, sabiendo que cada botella, cada chapita, nos acerca más a nuestro objetivo”, dice Maricarmen.

La mayoría de sus alumnas viven en las zonas altas de Chorrillos 

 

En el camino, todas han aprendido que se puede luchar por Un Mundo Sin Residuos.  “Asistir a este concurso ha implicado muchas cosas: reciclar, trabajar, vender rifas, juntar, armar, hacer coreografías, ahora el vestuario, y prepararnos para competir”, explica Maricarmen, quien ahora es más cuidadosa en casa al momento de desechar sus residuos. “Yo reciclo todo. Puedo decir que estoy ayudando al planeta, y me quedo satisfecha por eso”, asegura.

De regreso en el salón, una versión dulzona del Do Re Mi en piano invita a bailar. Azul, Ruth y Cielo se ponen en posición. Estiren los pies”, les dice su maestra y ellas actúan. Confían. Están decididas a seguir sus pasos.