“Esa no es Fernanda, es Carrillo”, se escucha la voz agitada de un hombre que relata cómo la Toyota Land Cruiser de Fernanda Kanno supera una duna a toda velocidad y sigue de largo luego de suspenderse por unos segundos en el aire. Carrillo es Alonso Carrillo, su copiloto, pero no, no es él quien va al volante: es ella la que maneja con total seguridad en sí misma.

No es la primera vez que la periodista —la única peruana en competir en el rally Dakar— es cuestionada o subestimada por pertenecer a un universo, el del automovilismo, tradicionalmente de hombres. Pero ella decidió que nada de eso le impediría cumplir su sueño de manejar una 4x4, como siempre le dijo a su papá cuando era apenas una niña.

Parada en medio del escenario del foro Mujeres de Cambio, en un auditorio para más de 500 personas en la Universidad de Lima, Fernanda recuerda cómo a partir de la decisión de hacer realidad su sueño su vida aceleró de un momento a otro. En enero del 2017 decidió correr el Dakar 2018. En mayo de ese mismo año participó de su primera carrera: la Baja Inca, con volcadura incluida. Y en agosto recibió la aprobación para participar del famoso rally.

Fernanda está feliz de compartir su historia como una de las cinco mujeres inspiradoras del foro organizado por RPP, Coca-Cola y Arca Continental Lindley el pasado 23 de noviembre. “Es la aventura de mi vida”, le comenta a un reportero con lágrimas en los ojos.

“¿No les ha pasado que si quieren hacer algo les da miedo?”, pregunta al auditorio. “Si les da miedo, háganlo con miedo”, recomienda con una sonrisa cómplice al recordar que ni el hecho de haber abandonado la competencia antes de completar los 8.000 kilómetros entre Lima y Córdoba la hicieron dudar de sí misma.

Por supuesto, aquel día lloró de frustración por no poder continuar. Su 4x4 no podía más pero de inmediato recordó todas aquellas frases que cayeron sobre ella como una catarata cuando decidió enrumbarse en esta travesía, y de dio cuenta de que había hecho lo correcto. “Muchos van a dudar de ti y eso no está mal. La gente tiene derecho a pensar que no eres buena o lo suficientemente valiente, pero no te ofendas, no te sientas mal. Cada vez que duden de ti es una oportunidad de mostrar que se equivocan”, dice Fernanda.

Para la mayoría, aquel abandono en medio del desierto rocoso del noroeste de Argentina fue una derrota a secas. Para Fernanda, en cambio, era una victoria que solo podía ser decodificada por ella. “Yo sentía que había ganado porque era una verdadera afortunada por haber podido perseguir mi sueño”, dice, y de inmediato anuncia que volverá a correr en la edición 2019 del Dakar y que esta vez sí logrará acabar todas las etapas de la competencia.

Antes de bajarse del escenario, lanza otra pregunta retórica al auditorio: “¿Que es el éxito?”.  Muchos se quedan pensando, pero ella lo tiene claro: “Vivir como sueñas”. Esta vez no son frases cuestionadoras las que caen sobre ellas. Son aplausos. Una catarata de aplausos.

Fernanda Kanno correrá por segunda vez el rally Dakar en enero del 2019. Su meta es acabar todas las etapas que se correrán únicamente en el Perú. 

Sumar esfuerzos

Acabada su charla, no pasa desapercibida. Selfies, autógrafos, saludos. Fernanda siempre sonríe, y más en este día. Afirma que lo positivo de este encuentro es que se trata de buscar salidas a un problema que tiene diferentes rostros: una mujer andina sin acceso a métodos anticonceptivos, una niña violada en un distrito pobre o una mujer semi-analfabeta sin autonomía económica. “Ya no se trata solo de visibilizar, sino de decirle a la gente cómo hacer. Por eso estamos aquí para sumar esfuerzos a través de nuestras experiencias, de nuestras historias personales y profesionales”, dice.

“En esta aventura de las carreras he sentido más comentarios negativos de otras mujeres que de parte de los hombres. Creo que debemos revisar la manera en la que nos tratamos entre nosotras”, remarca.

Fernanda no niega que desea ser la inspiración de miles de niñas. Muchas de ellas, a partir de su ejemplo, podrían empezar a decidirse por un automóvil antes que por una muñeca sin sentirse señaladas. Pero lo que realmente quiere Fernanda es que la aventura en la que se ha convertido su vida no se centre en la historia de una mujer piloto, sino en la de una persona que persigue su sueño: “Ojalá que el mundo sea tan maravilloso algún día que dejemos de hablar de hombres y mujeres, y solo hablemos de personas”.