Un osito por mes. Doce por cada año. Multiplicados por 14 son 168. Gigi Naveda calcula en silencio. No tiene cómo fallar. Su historia como coleccionista de osos polares de Coca-Cola es en realidad una historia de amor que se cuenta en años, pero también en osos. Si otras mujeres suelen recibir flores, bombones o tarjetas, ella se acostumbró a recibir un osito diferente, cada mes, sin excepción, desde hace 14 años.

En víspera de Nochebuena, ha decidido sacarlos a todos. No lleva un inventario, pero quiere que al fin se luzcan juntos en un árbol de Navidad. El cálculo, al vuelo, arroja un total de 168. “Pero son más”, advierte Gigi, porque sabe que lo que comenzó como un juego de enamorados en 2006, fraguado por su novio Miguel Adrián Alburquerque, uno de los mayores coleccionista de Coca-Cola en el Perú, es ahora más que un pasatiempo.

Gigi calcula que su colección atesora más de 168 osos polares de Coca-Cola, además de otros objetos alusivos a la marca.

Al principio, era la enamorada del coleccionista. La novia que recibía osos polares. Hasta que un día se dio cuenta de que su propia colección había cobrado vida. “Cuando lo acompañaba a convenciones o a ver alguna colección y yo ya preguntaba o quería comprarme otro osito de peluche, ahí me dije: yo ya tengo mi propia colección”, dice, en medio de su taller, mientras alista los osos polares al pie del árbol de Navidad.

A Gigi no le ha quedado más remedio que mudar la colección a su taller. “En mi casa, yo ponía uno o dos ositos, pero al rato me los sacaban porque decían que no iba con la decoración”, cuenta, con la risa oculta detrás de la mascarilla. Por suerte, en el espacio donde administra GisCake, un emprendimiento gastronómico de pastelería fina, ha encontrado el lugar ideal para hacer realidad uno de sus sueños.

“Desde que empecé a juntar una buena cantidad de ositos tenía el sueño de poder tener mi árbol y llenarlo a mi gusto”, dice. Con ayuda de Miguel Adrián, cada oso ha quedado listo para decorar las ramas del árbol. Uno luce con chalina; otro con ropa de mesero. No faltan los deportivos, con atuendo de judoka, esquiador o con una pelota de básquet al lado. No hay oso igual a otro. “No tengo ninguno repetido”, cuenta orgullosa.

Entre tantos osos, acaba de encontrar el primero que le regaló Miguel Adrián. Basta con señalarlo para viajar a través del tiempo. “Un día, Adrián y yo estábamos caminando. Entramos a un grifo, y ahí vimos un osito de Coca-Cola que nos encantó a los dos. Él decidió regalármelo y a partir de ahí, sin querer, se volvió una costumbre que todos los meses él me regalara un osito de Coca-Cola”, cuenta, como si reviviera aquel momento.

En cada viaje, Gigi intenta sumar nuevos ositos a su colección. Si bien están asociados a la Navidad, también han sido elaborados para otras celebraciones.

Es imposible entender el amor de Gigi y Miguel Adrián sin una Coca-Cola al lado. Pero, sobre todo, sin tener en cuenta las piezas de colección que han ido atesorando. Ninguno de los dos se ha atrevido a contar cuánto tienen acumulado. “Creo que nos da miedo”, dice Gigi, con una mirada cómplice hacia su novio. Porque además de sus osos, él colecciona más de 4.000 objetos, entre botellas, adornos, souvenirs y otros artículos.

La futura colección familiar es tan grande que en los planes de mudanza está consignada como una de las prioridades. “Al momento de buscar casa, no pensamos en dónde pondremos lo básico, que son los muebles, sino dónde colocaremos la colección”, confiesa Gigi. Después de 14 años juntos incluso imaginan, entre risas, cómo harán para que el hijo o hija que llegue a la familia aprenda a cuidar la colección como ellos.

Por ahora, prefieren pensar en el presente. En el árbol decorado con los más de 168 ositos de peluche que Gigi acaricia como si fueran de porcelana. “La Navidad es mi época favorita del año, y ahora más que nunca porque parte de mi colección está relacionada con ella”, dice. Así como Papá Noel, Coca-Cola ha logrado que cada osito sea un símbolo navideño. “Sin necesidad de ver que es de Coca-Cola, uno ya sabe que es de la marca”, dice.

Gigi decidió decorar su propio árbol de Navidad en el taller de su pequeña empresa. En casa de sus padres no podía desplegar toda su colección.

Al ver a todos sus ositos sobre el árbol de Navidad, Gigi es capaz de olvidar todo lo malo. Incluso que antes de este reportaje fue entrevistada por medios locales por haber sufrido tres asaltos en menos de tres meses. Lo importante es que no olvidará este 25 de diciembre. Y que cada mes Adrián seguirá sorprendiéndola con un nuevo osito. “Aunque cada vez le cueste más no repetir”, dice sin evitar reírse. ///

Estos son  los 10 ositos más significativos de la colección de Gigi: