Christian Martínez Monge ya no se considera un macho peruano. Desde que ingresó a la universidad a estudiar psicología, se decidió a dejar de serlo. Más temprano que tarde, entendió que toda su formación —familiar y social— lo había encaminado a ser un prototipo de macho privilegiado. Uno que vive cautivo en su propio rol de figura dominante y viril.

La autorreflexión le cambió la vida. Una pregunta bastó para eso: ¿qué significa realmente ser un hombre en el Perú? Todo surgió a partir de su trabajo como voluntario del Instituto Peruano de Paternidad Responsable (INPPARES). Ahí logró darse cuenta de que los hombres sabían poco o nada sobre su propia sexualidad. En realidad, se negaban a ello. A través del Proyecto Macho pudo comprobarlo. Campañas al lado de una cancha de fulbito, al costado de una terminal de mototaxis o al pie de una zona de cargadores en el mercado. Los hombres no aparecían.

Detrás, por supuesto, la realidad era más preocupante: replicaban un comportamiento aprendido de sus propios padres. Hombres criados como machos. Machos criando a otros machos. Y así. Una rueda infinita. Un sistema perpetuándose. Sin embargo, Christian, junto a otros hombres, decidieron crear la Red Peruana de Masculinidades a finales del 2009. Un grupo enfocado en difundir información sobre salud reproductiva, violencia sexual y paternidad, pero con un eje transversal: la discusión sobre qué es la masculinidad.

Frente a aquellos movimientos que aún basan su modelo de ser hombre en creencias religiosas, los más de 30 miembros de la Red buscan cuestionar ese esquema en el que un patriarca tiene el control sobre las mujeres (patriarcado). Algunos se consideran feministas. Otros no tanto. Aunque todos coinciden en la necesidad de acabar con esos “privilegios”, que colocan al hombre en lo alto de la pirámide del poder social, pero que a la vez lo encasillan en una figura irreal de macho fuerte, sin temores y proveedor de dinero y seguridad.

Padre de un niño y una niña, Christian repasa su experiencia como el primer coordinador de la Red. Una primera rueda de hombres, formando un lazo blanco simbólico, como renuncia a la violencia contra las mujeres. Un concurso fotográfico que, año tras año, busca resaltar la participación de los hombres en la crianza de sus hijos. Y esfuerzos como la brigada antimachista o el afectómetro para abrir espacios de contacto físico entre hombres.

¿Por qué se pone especial interés en la paternidad responsable?

Porque ahí empieza todo. Nuestra masculinidad a nivel social nos ha privado de la manifestación de la ternura. El hombre no puede ser tierno con sus hijos, porque nos han hecho creer que, si somos tiernos y afectivos, los ablandamos y no los criamos como hombres fuertes. El hombre, además, puede empezar a vincularse con las tareas del hogar, y a la parentalidad responsable positiva, involucrándose en la crianza afectiva, más allá del rol de proveedor económico.

¿Cuánto determina que un hombre sea menos machista y violento a partir de un padre más presente y afectivo?

En Argentina se han hecho trabajos al respecto, y se ha visto que disminuye la posibilidad de ejercer violencia. El mismo hecho de vincularte en la crianza de tu hijo, desde la gestación, el parto y el cuidado cuando recién nace, crea un lazo afectivo muy fuerte, que vas a tener que descubrir o redescubrir porque si la experiencia de la crianza con un niño te moviliza es porque quizá es algo que no viviste con tu papá. Por eso a mí me gusta preguntarles a mis pacientes: ¿Qué es lo que más recuerdas de haber vivido con tu padre cuando eras niño? Son muy marcados los recuerdos, pero no tan afectivos o cariñosos como con la mamá. Entonces desde ahí hay un tema preventivo importante.

¿Sigue existiendo el patrón del macho peruano o está entrado en declive?

Siento que va a llegar un momento en el que el hombre va a amistarse, a conciliarse, con la feminidad. Porque el problema no es la mujer; el problema es lo femenino. Los problemas de género no son de las mujeres, son problemas de los hombres. Porque es el hombre el que tiene el conflicto en su vida. Es ahí donde se tiene que generar el cambio.

¿Cuánto más se irá redefiniendo el concepto de lo femenino y lo masculino?

Un punto importante va a ser cuando sintamos que hay matices en nuestras vidas, y que esos matices significan que hay diversas maneras de ser hombre y mujer. Cada uno podrá elegir en cuál quiere estar, sin que ninguno sea peor o mejor. Al igual que el tema racial, donde ya se sabe que las diferencias fueron construcciones sociales, igual a va a suceder acá. Cuando empecemos a darnos cuenta de que hay distintas formas de ser hombre o mujer, y que uno puede elegir sin imposiciones, ahí se va a dar un punto de quiebre importante para empezar a destruir este sistema de machismo hegemónico.

En términos simples, ¿qué es el machismo hegemónico?

El sociólogo boliviano Jimmy Tellería lo explica con una metáfora, en la que la hegemonía masculina es una mesa que descansa sobre cuatro patas que hacen que el machismo siga existiendo: la homofobia, el sexismo, la misoginia y la heterosexualidad compulsiva. La homofobia es el rechazo a las personas del mismo sexo o a la idea de que se puede ser femenino. El sexismo es ver a la mujer como un objeto sexual. La misoginia es el desprecio y la violencia contra la mujer. Y la heterosexualidad compulsiva, el esfuerzo por demostrar que se es heterosexual. Lo interesante es que esta mesa existe en todas las casas.

¿Qué les recomiendas a los hombres para iniciar un proceso autorreflexivo?

Lo que siempre recomiendo a los hombres es que tengan la capacidad de conectarse con sus afectos, con sus emociones, algo básico que se nos ha negado siempre: la capacidad de llorar, de demostrar ternura. Eso permite romper ese cascarón hueco, que creemos que nos hará fuerte, pero que en realidad no es así.

¿Cuál es el rol que los hombres deben cumplir en este contexto de empoderamiento de la mujer?

Ser compañeros y sensibilizarse en el por qué. Porque justamente a estas personas que no les gusta que las mujeres reclamen o tengan una posición empiezan con el discurso de ‘feminazis’ porque dicen que están siendo violentas. Pero no es así. Están posicionándose en un lugar del que fueron desplazadas, y que también les corresponde por ser personas. Tener la capacidad de entender qué es lo que están reclamando, solidarizarse, acompañar en este proceso y, si es necesario, denunciar.

¿Qué puede hacer un padre para inculcar esta filosofía a su hija desde niña?

Enseñarle que tiene derechos y que tiene voz. En el tema de la parentalidad positiva, los hijos y las hijas tienen que participar. Debemos escuchar sus puntos de vista. Es importante darles un lugar. Enseñarles que nadie les puede faltar el respeto; que nadie las puede tocar. Hablarles de las cosas que están mal; que nadie les puede decir que no pueden jugar o que no pueden hacer algo porque son niñas. Demostrarles que sí lo pueden hacer. Y dejar nuestros temores de lado diciendo que hay que cuidarlas como princesas delicadas.

Si bien el proceso de cambio es largo y existen avances, ¿qué otras acciones se pueden promover entre los hombres para garantizar la igualdad?

Se ha avanzado, pero todavía es poco. Por lo menos el tema está en el debate público. Pero se necesitan promover más espacios de discusión para los hombres. Toca pensar en alguna estrategia. Los grupos de ayuda mutua sirven muchísimo, pero surgen ante una necesidad percibida. Ante una situación límite como una enfermedad o la pérdida de un hijo. Pero se necesitan más espacios para que los hombres acepten que tienen un problema.