Los mensajes no dejan de llegar al celular. Día y noche. A cualquier hora. La pandemia no da tregua. El estado de emergencia es inclemente. El grupo de WhatsApp bautizado “Hombro a hombro” se activa de inmediato ante un pedido urgente de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), el Instituto Nacional de Salud (INS), el Instituto de Defensa Civil (INDECI) o Essalud, el seguro social de salud del Perú. Cada respuesta es vital.

Las 72 empresas que integran el grupo, entre ellas Coca-Cola Perú y Arca Continental Lindley, ofrecen su asistencia donando víveres e hidratación, entregando equipos y hasta poniendo a disposición de las entidades del Estado sus camiones de reparto. Todas decidieron sumarse al esfuerzo comandado por Juan Manuel Arribas, Director Ejecutivo del movimiento Hombro a Hombro. Si bien la mayoría ya participaba del programa de prevención y atención de desastres impulsado desde el sector empresarial, una vez iniciada la cuarentena entendieron que el reto sería aún mayor: poner el hombro para apoyar al país frente a la pandemia.

El enemigo es invisible, pero el corazón para enfrentarlo es incansable. Eso se ha visto reflejado en las 1.800 toneladas de alimentos, bebidas, artículos médicos y de limpieza que han podido llegar a las manos de más de 100.000 peruanos en las siete semanas de cuarentena. La meta es ayudar a todos, pero Hombro a Hombro apunta especialmente a los que no recibieron el bono estatal: discapacitados, adultos mayores, migrantes, desplazados, pueblos indígenas.

Juan Manuel Arribas, Director Ejecutivo del movimiento Hombro a Hombro, dirige desde el año 2012 la ONG Soluciones Empresariales Contra la Pobreza (SEP). 

Los más vulnerables son la prioridad en cada mensaje de ese grupo de WhatsApp. Y Juan Manuel, siempre pendiente de su celular, se encarga de que cada costal de arroz, botella de agua San Luis, caja de conservas o alcohol en gel sea canalizado por la red de INDECI a nivel nacional. “La necesidad es inmensa en este momento. Es cuatro veces mayor a la que se dio durante el Fenómeno del Niño Costero del 2017”, cuenta a Journey.

Desde que creó el movimiento, como parte de la ONG Soluciones Empresariales Contra la Pobreza (SEP), Juan Manuel siente que han estado preparándose para atender a los más urgidos. La Sociedad Nacional de Industrias (SNI) lo convocó para liderar un grupo de empresarios dispuestos a ayudar al Estado en la mejora de las políticas públicas. Esa fue la meta durante los primeros años de la SEP, hasta que en marzo del 2017 un huayco en Río Tambo, en medio del VRAEM, lo obligó a cambiar zapatos y corbatas por botas y chalecos. 

La tragedia fue atendida, el alcalde se lo agradeció entre abrazos y lágrimas, y Juan Manuel respondió con una frase profética: “Estamos aquí, hombro a hombro, para lo que necesites”. Un par de semanas después, las inundaciones del Niño Costero lo pusieron ante miles de damnificados. El movimiento nacía en medio de una de las peores desgracias.

 Cada semana, Hombro a Hombro entrega un aproximado de 27 mil kits con víveres a familias en situación de vulnerabilidad. La población prioritaria son los discapacitados severos. 

Esa tragedia, como todas las que vendrían después -la erupción del volcán Ubinas, las lluvias en el sur, los friajes en la sierra, los aniegos en Lima- le enseñaron a responder rápido y a saber que todo esfuerzo nunca es suficiente. “Estamos enfrentando una guerra”, dice, y la voz se le quiebra al recordar que hay aliados que han muerto como consecuencia del Covid-19.

“Tenemos una enorme responsabilidad”, dice, y piensa en los 27.000 kits entregados hasta ahora para beneficiar a más 100.000 peruanos. “El reto es llegar a 500.000”, se ilusiona, ahora que el Estado ha aprobado fondos para INDECI. “Si teniendo la posibilidad de hacer algo, no lo hacemos, no sé qué hacemos acá”, dice Juan Manuel, el hombre que llora cuando recuerda que sus padres cumplieron 60 años de casados lejos de él.

Pero sabe que no hay tiempo para lamentos. Hay lágrimas más tristes. Por eso no descansa para terminar de implementar el Hospital de Cuidados Intermedios en la Villa Panamericana, alimentar al personal que hace las pruebas del nuevo coronavirus en el INS, atender a los más de 1.200 policías afectados por el Covid-19 y a los desvalidos y caminantes que no pierden la fe en los albergues de Caritas Perú, en Acho y Huachipa.

“Vamos a salir adelante tarde o temprano, como tantas otras veces”, se da ánimos a sí mismo, antes de cortar la comunicación telefónica. Si su esperanza no decae es por una simple razón: cada respuesta que llega al grupo “Hombro a Hombro” le recuerda que siempre hay alguien capaz de ayudar: “En este momento de crisis, nos llena de esperanza ver la solidaridad y unión del sector empresarial”. El Perú es un mensaje que no se puede dejar de atender. ///