El humeante plato de lomo saltado con lentejas que acaba de servir Rosario Romero es el símbolo de nuevos y esperanzadores tiempos. En medio del comedor del Club de Madres “Santa Rosa de Lima”, en Condevilla, San Martín de Porres, Charito -como la llaman las otras cocineras- está satisfecha de participar en la campaña “Con creatividad se para la olla”, impulsada por Inca Kola en alianza con el Banco de Alimentos del Perú.

Así como su generosa porción de lomo saltado con lentejas, en los próximos dos meses se servirán 580.000 platos de comida a 14.000 familias en las zonas más vulnerables de 11 regiones del Perú. La entrega de canastas con víveres de primera necesidad, donadas por Inca Kola y distribuidas por el Banco de Alimentos, hará posible que las cocinas de los comedores populares, las ollas comunes y los hogares más necesitados sigan encendidas.

Las primeras 4.000 canastas han llegado al barrio de Charito, en San Martín de Porres, pero también a San Juan de Lurigancho, Villa María del Triunfo, Independencia y Chorrillos. Y el resto se entregará durante los próximos dos meses con ayuda de la red de voluntarios del Banco de Alimentos. “Después de Lima vamos a llegar a otras 10 regiones del Perú”, explica Sara Rodríguez, Coordinadora de Gestión Social del Banco de Alimentos.

Gracias a esta alianza con Inca Kola, el Banco de Alimentos podrá ampliar su cobertura. Si durante los primeros meses de la emergencia sanitaria la organización entregó un aproximado de 6 millones de raciones a 279 organizaciones benéficas a lo largo del país, la campaña “Con creatividad se para la olla” elevará aún más esa cifra. “Inca Kola, como socio, nos está permitiendo otra forma de poder aliviar el hambre”, asegura Sara.

El comedor de Charito seguirá abierto de lunes a viernes gracias a los víveres recibidos. Los 65 platos del menú diario continuarán entregándose a niños, madres, desempleados y ancianos. “La ayuda del Banco de Alimentos, con las donaciones de las empresas, significa mucho para nosotros. Son los únicos que nos han apoyado en esta pandemia”, explica  Rosario, Presidenta del Club de Madres, fundado hace 53 años en Condevilla.

La entrega de canastas está permitiendo que los comedores populares, las ollas comunes y los hogares puedan seguir cocinando con creatividad. 

Otros comedores, como el de Melania Rodas, en las alturas del Asentamiento Humano 3 de Mayo en San Martín de Porres, tienen motivos adicionales para estar agradecidos. “Nosotros tuvimos que dejar de cocinar después de la cuarta semana de la cuarentena. No teníamos más víveres. Pero la ayuda que nos ha traído el Banco de Alimentos, gracias a Inca Kola, nos ha permitido reabrir el comedor”, cuenta Melania, Presidenta del comité.

Los seis años de experiencia del Banco de Alimentos han facilitado la tarea de llegar a los más necesitados. La red en la periferia de Lima y en las provincias más golpeadas por el hambre resulta clave para canalizar las donaciones con mayor eficiencia. “Incluso, la ayuda que está brindando Inca Kola nos está permitiendo conocer lugares a los que el Banco de Alimentos aún no había llegado antes”, asegura Sara Rodríguez. 

El desafío es que las ollas de los hogares más vulnerables sigan llenas y calientes. Que los fogones no se apaguen. “En este periodo de crisis, el Banco de Alimentos ha redoblado su trabajo. En vista de la coyuntura que vivimos, hemos tenido que empezar a atender a otros asentamientos humanos y ollas comunes que no estaban en nuestra red”, explica Sara, incansable visitante de los barrios más afectados por la crisis sanitaria y económica.

El comedor del Club de Madres de Condevilla puede alimentar de lunes a viernes a ancianos, desempleados y niños gracias a la gestión del Banco de Alimentos.

Para Sara, el mejor ejemplo de unión y solidaridad son los comedores populares. La creatividad es el ingrediente en cada uno de sus platos. “Yo que recorro los comedores veo cómo se las ingenian para poder llevar un plato de comida que satisfaga la necesidad de alimentación”, dice. El lomo saltado con lentejas, la alverjita partida con papa, el chupe de atún, la sopa de morón, el estofado con carne picada. Nada se desperdicia.

El menú creativo será siempre el patrimonio de las cocinas peruanas ante cualquier crisis. “Bastante creatividad le ponemos. Ayer, por ejemplo, preparamos unos tamalitos verdes con culantro. El choclo está caro, pero le pusimos más culantro para que aumente”, cuenta Charo. “Tratamos de que sea a menos costo, pero más nutritivo”, dice Melania, que se siente orgullosa de haber pasado de preparar 40 platos a 85 en un solo día.

La hora del almuerzo está por terminar en el comedor de Charo. La paila del lomo saltado luce casi vacía. Después de haber servido miles de platos en los 22 años que lleva al frente del Club de Madres de Condevilla, sabe bien cómo aplacar el hambre y superar la peor de las crisis. “Es momento de dejar el egoísmo de lado y ayudarnos entre todos para salir adelante. Sé que lo vamos a lograr”, dice. La receta de Charo es infalible