La casa de Jack Hurtado es un museo en homenaje a una pasión nostálgica: el fútbol. La recepción, en lugar de retratos familiares, tiene fotografías de los ídolos peruanos de todos los tiempos: Cubillas, Cueto, Chumpitaz. La sala está decorada con bufandas, camisetas y figuritas sin estrenar. Y el comedor ya no tiene mesa porque ahora está repleto de álbumes, vasos, botellas y piezas de colección para comer fútbol mañana, tarde y noche.

Todo empezó cuando Jack era apenas un niño. En 2004, logró llenar su primer álbum de un torneo internacional de fútbol a los doce años y, sin más pretensiones que las de un hincha apasionado, decidió sumar otros ejemplares. Uno tras otro. Miles de figuritas pasaron por sus manos. Diecisiete años después, tiene más de 500 álbumes de todo el mundo, y su colección desbordó sus expectativas: 10.000 distintas piezas vinculadas a la historia reciente del fútbol.

“Viví enamorado del fútbol toda mi vida. Buscaba la manera de vincularme al ‘deporte rey’ y encontré la forma coleccionando artículos de fútbol”, cuenta Jack, quien en marzo del 2018, con la resaca de la clasificación de la selección peruana al Mundial de Rusia 2018, decidió convertir su colección privada en un museo. El nombre es sencillo: Museo Coleccionables de Fútbol. El primero y el único en su género en el Perú.

En el estante principal que preside el salón, Coca-Cola tiene un espacio reservado. Vasos y botellas de la marca, que alguna vez fueron merchandising del Mundial de México 86 y de otros torneos, acá, en el museo de Jack, son un pedacito de memoria colectiva. “Puedo decir que tenemos en la colección casi todo lo que ha lanzado Coca-Cola sobre fútbol en los últimos 15 años, por lo menos”, cuenta Jack, orgulloso.


El auspiciador oficial de la selección peruana es el principal proveedor de piezas invaluables para coleccionistas como Jack. “Valoramos muchísimo a Coca-Cola como marca ligada al fútbol porque siempre saca artículos relacionados a los torneos. Así, nos ayuda a mantener vivas nuestras colecciones”, dice Jack, quien conserva como una reliquia una botella del Tour de la Copa del Mundo 2014, en el que pudo exponer parte de su colección.

Cada pieza es una historia. Como el añejo pasaporte de Alberto Gallardo, héroe peruano en México 70, rescatado en Chile. O como el álbum del Mundial de Argentina 78, publicado por el diario argentino La Mañana, que mágicamente se lo hicieron llegar a Jack durante una visita a Montevideo. “Una colección es revivir la memoria colectiva. Son recuerdos atrapados en objetos inanimados que cobran vida con la gente”, dice el coleccionista.

Una de las incorporaciones más recientes a la colección son las minibotellas elaboradas por Coca-Cola a propósito de la Copa del Mundo de Rusia 2018.

No es difícil darse cuenta que las piezas más preciadas de Jack están vinculadas al fútbol peruano. A la Rojiblanca, más precisamente. “El momento cumbre llegó con el Mundial del 2018. Fuimos favorecidos por la ola y la expectativa de la gente. Y eso ayudó a que el museo pudiera concretarse”, cuenta. Desde entonces, el Museo Coleccionables de Fútbol ha recibido a más de 10.000 nostálgicos y nostálgicas de todas las edades.

La pandemia obligó a cerrar las puertas momentáneamente. Durante las exequias de Maradona se hizo una excepción con todos los cuidados. Por ahora, Jack disfrutará del certamen de selecciones más antiguo de América y el mundo sin visitantes. Pero no se desilusiona. Cree que Perú, vigente subcampeón, dará la talla, y sus hinchas también. “Es un torneo atípico, pero creo que el hincha ahí estará siempre, incondicional”, dice.

Al margen de los resultados, Jack tiene un compromiso con sus propios seguidores. Dentro de poco estrenará una tienda para ofrecer piezas de colección importadas. Y quién sabe logre abrir otras sedes del museo en países vecinos de Sudamérica. “Es un sueño cumplido y un proyecto hecho realidad. El museo los espera a todos con las puertas abiertas cuando los tiempos mejoren”. La invitación está hecha. En su casa, hay lugar para todos.

Jack empezó su colección a los 12 años. Su primera pieza fue un álbum de la Copa América Perú 2004. Ahora cuenta incluso con vasos de Coca-Cola del Mundial de México 1986.