A Jerson Mendoza no le importa caminar cinco horas durante un día. Allí va con una canasta de víveres o un cesto lleno de frutas y verduras. Incansable, avanza entre cerros y arenales de Lima. Nunca se detiene. Desde que ingresó como voluntario al Banco de Alimentos del Perú entendió que calmar el hambre de los urgidos requiere más que buenas intenciones. Requiere eso que lo llevó a dejar su Yurimaguas natal: sacrificio.

Jerson vive en Lima desde hace apenas siete años, pero la ha recorrido con más decisión que muchos limeños. Las suelas de sus zapatillas aún llevan el rastro de más de 153 asentamientos humanos visitados durante junio. El inicio de la pandemia lo hizo probarse a sí mismo: aceptó el desafío de liderar uno de los grupos de voluntarios que lleva a los hogares los alimentos recuperados y las donaciones que recibe el Banco de Alimentos.

Para Jerson no hay misiones imposibles. Así como aprendió a recuperar la mayor cantidad de vegetales aún comestibles en el Mercado Mayorista de Lima, esta vez acudió hasta los rincones más apartados de Lima en Villa María del Triunfo, San Juan de Lurigancho y San Martín de Porres para llevar con sus propias manos los alimentos rescatados. “Hemos tenido que caminar hasta cinco horas al día para entregar todo”, cuenta a Journey.

Como parte de la campaña “Con creatividad se para la olla”, impulsada por Inca Kola, Jerson lideró las entregas en Villa María del Triunfo y San Martín de Porres. 

En sus diez meses como voluntario, Jerson se ha convertido en una pieza esencial del Banco de Alimentos. “Llegamos donde no llegan las autoridades, y recibimos el mejor agradecimiento que puede haber: una sonrisa”, dice, satisfecho.

A sus 24 años, Jerson ha hecho de todo un poco: trabajar en el campo, ser obrero en una fábrica de hilos y soñar con ser algún día diseñador gráfico. Pero lo que más le llena el alma es saber que alguien dejará de tener el estómago vacío gracias a él. “Me gusta ayudar a las personas. Es una gran alegría para mí hacer lo que hago, más aún en esta coyuntura que estamos viviendo”, explica.

Él es uno de los más de 200 voluntarios que hacen posible que el Banco de Alimentos llegue a 18 regiones del Perú. Sin ellos, todos los donativos entregados por empresas e instituciones no llenarían las ollas de comedores populares, albergues, asociaciones barriales y centros parroquiales. En medio de la pandemia, más de 180.000 peruanos logran combatir el hambre gracias al esfuerzo de jóvenes como Jerson.

Para Jerson, el mejor agradeciemiento que puede recibir de los beneficiarios del Banco de Alimenos es una sonrisa. 

La campaña “Con creatividad se para la olla”, impulsada por Inca Kola en alianza con el Banco de Alimentos del Perú, reconoce este empeño diario y silencioso, debido a que la participación de todos los voluntarios es esencial para lograr que 14.000 canastas con víveres lleguen a los hogares más vulnerables del Perú. “Es una gran ayuda que permitirá que otras empresas se puedan sumar a esta lucha y la acabemos todos juntos”, dice Jerson.

Uno de los puntos elegidos para repartir las donaciones entregadas gracias al apoyo de Inca Kola fue el comedor Melania en el Asentamiento Humano 3 de Mayo en San Martín de Porres. Hasta allí llegaron Jerson y su equipo usando los protectores faciales que Inca Kola facilitó al Banco de Alimentos en el marco de esta campaña y que han sido elaborados por Waysted utilizando resina PET de botellas recicladas.

“Me llena de orgullo ayudar a personas que se han quedado sin trabajo”, concluye. El sacrificio vale la pena, pero continuará en los próximos días. A Jerson le queda mucha Lima por recorrer.