El bullicio de la avenida Abancay, en el centro de la ciudad de Lima, se cuela por los muros de la Gran Biblioteca Pública. Cláxones de automóviles, gritos de vendedores ambulantes, y el rugido de motores impacientes ante el tráfico detenido llegan hasta la Sala Escolar para ser ignorados por jóvenes lectores que disfrutan, absortos, algún ejemplar del catálogo sobre el cuidado del Medio Ambiente.

La antigua sede del Colegio Máximo de San Pablo de la Orden Jesuita alberga —casi cinco siglos después— un espacio para aislarse del molesto bombardeo sonoro del exterior. Un oasis repleto de libros. Tal como lo han comprobado más de 60 alumnos del colegio Héroes del Cenepa del Cercado de Lima, que el pasado 5 de junio acudieron para celebrar el Día de la Lectura Verde. Una jornada con cuentacuentos, sesiones de lectura asistida y un concurso de dibujo sobre el cuidado del medio ambiente, que demuestra que las nuevas generaciones tienen interés en la lectura y en la conciencia ecológica.

Para Frank Martínez, encargado de la Sala Escolar de la Gran Biblioteca de Lima, son los niños los que están más abiertos a disfrutar de la lectura sobre las especies en peligro de extinción o las consecuencias de la contaminación ambiental. “Están muy enterados de esta problemática. Plantean preguntas y son muy sensibles a lo que pasa con la naturaleza”, explica el bibliotecólogo.

Frank Martínez, encargado de la Sala Escolar de la Gran Biblioteca de Lima. 

En sus más de cinco años a cargo de la sala ha visto cómo el número de visitantes se ha reducido ante el avance de los medios tecnológicos e Internet. Las visitas diarias bajaron de 20 a 15 en promedio, dice. Pero aún conserva la fe en la magia de los libros. “Una historia tiene la capacidad de sensibilizar más a un niño; especialmente si trata de su entorno más inmediato”, afirma, mientras observa la ruma de cuentos infantiles a disposición de los visitantes. Cecilia Ferrer Mariátegui, encargada de las actividades culturales de la Gran Biblioteca Pública, coincide con él. “Lo que llega al corazón a través de una lectura que sensibiliza tiene más posibilidades de transformar a un niño”, asegura.

Tras la tercera edición del Día de la Lectura verde, la nieta del Amauta José Carlos Mariátegui solo tiene motivos para sonreír. La alianza con la biblioteca del Ministerio del Ambiente y la Comicteca Galilea Ramírez —que funciona dentro de la Sala Escolar—  ha consolidado a la Gran Biblioteca Pública de Lima como un espacio para la lectura de textos sobre temática medioambiental. De cinco a seis delegaciones escolares llegan cada mes, fuera de los visitantes diarios u ocasionales, con el solo propósito de introducirse en el mundo de la lectura.

Aunque discreto, el nuevo florecer de la Sala Escolar, con más de 50 libros especializados sobre la importancia del medio ambiente, tiene su explicación en los dos años de existencia de la Comicteca Galilea Ramírez. El espacio, que lleva el nombre de la hija del impulsor de la iniciativa, Johny Ramírez Núñez —por haber cedido de forma espontánea los cómics de su propia colección—, es el mayor atractivo entre los niños. “El cómic tiene un gran potencial de comunicación al tener un lenguaje secuencial. Los chicos, que en la mayoría son reacios a la lectura, disfrutan más de cualquier temática si es que es presentada en formato de historieta”, explica José Luis Guardia Yaranga, Administrador de la Comicteca.

José Luis Guardia Yaranga, Administrador de la Comicteca. 

Papo, como lo conocen en el mundo de los cuentacuentos, está convencido de que los cómics, con personajes como el Pelicantro u Ollukito —superhéroes en defensa del medio ambiente—, no solo son difusores de valores ecológicos sino también gestores de que más niños se introduzcan en el mundo de los libros. “El cómic sirve como una herramienta iniciadora, motivadora de la lectura, que luego permite que den el salto, en cantidad y calidad, hacia el libro formal”, dice Papo.

El ruido y la contaminación del mundo sigue allá afuera. Como un recordatorio de la ardua tarea que le toca asumir, día a día, a la Gran Biblioteca. Aquí adentro, Frank Martínez, Cecilia Ferrer, Papo Guardia y su leal batallón de jóvenes lectores prefieren no distraerse con ese rumor de cláxones, gritos y rugidos de motores. Aquí solo hay tiempo para leer.