Dice que no sabe cuántas toneladas de material reciclable ha recuperado de la basura desde que se inició en el oficio. Entonces tenía 20 años, una carrera sin finalizar y cuatro hijos. “Tuve mis hijos muy joven, por lo que no terminé mis estudios de Enfermería Técnica. Como la familia de mi pareja se dedicaba al reciclaje informal, yo aprendí el oficio para vivir”, recuerda Leyla Cárdenas, recicladora formal de la provincia sureña de Chincha y Presidenta de la Asociación Chincha Reciclando por un Mundo Nuevo.

Con niños pequeños a los que cuidar en el hogar, consideraba su trabajo como un apoyo en la economía familiar, pero una vez separada de su pareja, el reciclaje pasó a ser su único sustento. “Era lo que sabía hacer, me convertí en madre y padre a la vez y tenía que sacar adelante a mi familia”, señala Leyla.

“Junto a mis compañeros, buscábamos entre las bolsas de basura que las familias dejaban fuera del hogar y también en el botadero de Chincha, sin ningún tipo de protección, sin guantes, exponiéndonos a enfermedades o incluso a cortes”, comenta Leyla.

El desorden que causaban en la vía pública por dejar desperdicios expuestos era una de las razones por la que los vecinos rechazaban el reciclaje informal. “A la gente les incomodaba nuestra actividad porque pensaban que lo íbamos a dejar todo tirado. Además, nos discriminaban porque nos veían sucios”. 

Leyla Cárdenas, fundadora y actual Presidenta segrega los desechos en el Centro de Acopio de la Municipalidad de Chincha.

Las nuevas oportunidades de la formalización

Fue a partir de una convocatoria de la Municipalidad Provincial de Chincha, con el apoyo de la ONG Ciudad Saludable y Coca-Cola, que en el 2005 Leyla, junto a cuatro compañeros, se animaron a ser parte del programa de formalización de recicladores. Tenían por delante tres etapas: regularizarse como empresa, seguir un ciclo de capacitaciones y cumplir una cartilla de vacunación especial. 

“Con mis compañeros creamos Chincha Reciclando por un Mundo Nuevo. Ahí es cuando mi vida cambió. El Municipio nos ofrece rutas, un horario, una tarjeta de vacunación y un uniforme que incluía guantes, botas, mascarilla y gafas”, señala una orgullosa Leyla, antes de pasar a explicar la importancia que tuvieron las capacitaciones para ellos. “Nosotros no sabíamos cómo nuestro trabajo era fundamental para el cuidado del medio ambiente. Fue en las capacitaciones que nos informaron más sobre ello. Ahora nosotros somos quienes explicamos a los vecinos por qué es importante reciclar”, comenta.

Leyla Cárdenas, hoy de 41 años, se inició en el reciclaje urbano a los 20 años.

Además, nos cuenta cómo la formalización ha mejorado su autoestima. “Todos nos sentimos orgullosos, a la fecha ya somos once socios, la gente nos reconoce y colabora, y eso nos pone muy contentos”, explica.

Aparte del tema emocional, la economía de los recicladores también se ha visto beneficiada. “A partir de nuestra formalización, hemos duplicado nuestro acopio. Por ejemplo, antes alcanzábamos unas cuatro toneladas al mes, en cambio ahora estamos en ocho toneladas”, señala Leyla. Otra de las ventajas de la formalización ha sido la capacidad para acceder al crédito. "Ahora tenemos acceso a créditos, a opciones que antes era inimaginables. Me siento feliz de saber que después de tantos años mi trabajo es reconocido y podemos tener más oportunidades”, confiesa.

La Asociación Chincha Reciclando por un Mundo Nuevo opera en un local de la Municipalidad Provincial de Chincha, y cuenta con dos triciclos motorizados. No obstante, siguen soñando con crecer y ya tienen como meta para los próximos meses contar con una maquinaria que permita aplastar el plástico PET y así lograr la venta directa a las plantas de reciclado.