La mejor vendedora de Coca-Cola en Arequipa dio a luz hace apenas cuatro meses. Inquieta y diligente, no para de ir y venir de su habitación a la cocina, y de la cocina a la sala. Son apenas las seis de la mañana en este rincón de Alto Selva Alegre en Arequipa, pero ella parece más una maratonista impaciente por la partida. Así es María del Rosario Zúñiga, capaz de prepararle el biberón a Camilo, mientras se asegura de que Álvaro (11) se coloque el uniforme del colegio y Gabriel (20) tenga todo listo para ir a la universidad.

Puntillosa, día a día, se asegura de que sus clientes —bodegueras y dueños de locales— tengan sus pedidos con anticipación, y que sus anaqueles y contenedores luzcan llenos de opciones de bebidas.

Como gestora de ventas de la Empresa Comercializadora de Bebidas (Ecobesa) había demostrado, desde su llegada en 2016, sus dotes para ser cómplice de bodegueros y bodegueras.

Allí, entre puestitos modestos e incipientes bodegas, María del Rosario logró convertirse en la mejor vendedora de 2017. Siempre superándose a sí misma, porque ella se considera su única y más feroz competencia. Por eso no se distrae, como ahora, que apura el paso para salir antes de la siete a su ruta.

Su hijo Gabriel confiesa que está orgulloso de ella. “Sabe guiar bien y llegar a las personas”, dice con una mirada de admiración.

Rumbo al punto de encuentro con el resto de su tribu de ventas, los Jarawas, María del Rosario cuenta que su principal meta en la vida es que sus hijos sean verdaderos ejemplos de superación. “El legado que yo quiero dejarles a ellos es su profesión, para que puedan valerse por sí mismos y crecer como personas”, dice antes de llegar a Alto Cayma, cerca al estadio de Buenos Aires, donde un grupo de vendedores con casacas y gorras rojas se alistan para empezar la jornada en el Cono Norte de la ciudad.

Después de escuchar algunas pautas por parte del supervisor, Luis Cueva, todos parten en diferentes direcciones. María del Rosario siempre demuestra su buena disposición para enfrentar la vida con entusiasmo. “María siempre viene con la mirada hacia adelante. Pocas veces ante una dificultad ella ha dicho ‘no’. Siempre dice ‘sí lo hacemos’. Ella nos enseña que pese a todas las responsabilidades en la casa y la familia, en el trabajo nos toca dar siempre un poco más”, dice Luis, que acaba de llegar a la bodega Virgen del Carmen para supervisar el recorrido.

María del Rosario logró convertirse en la mejor vendedora de Coca-Cola en Arequipa por su estrecho vínculo con las bodegueras. “Son como mi familia”, dice. 

Al interior del local, María del Rosario le cuenta a Edith Gutiérrez, una cusqueña que regenta la bodega, sobre el nuevo lanzamiento de la Compañía. Luego le toma el pedido y cumple el ritual de siempre: acomoda botellas, llena el contenedor y pega afiches del nuevo lanzamiento. “Cuando estuvo de licencia por su embarazo, yo siempre preguntaba por ella. Antes llegaba con su pancita a trabajar. Siempre amable y comprensiva, nos ha aconsejado sobre cómo vender los productos”, dice Edith.

Las capacitaciones y los cursos en el Instituto San Ignacio de Loyola, financiados por Coca-Cola Perú, Arca Continental Lindley y Ecobesa, le han valido a María del Rosario para mejorar su vínculo con las bodegueras. “Mis clientas para mí son como mi familia. Son mis amigas, mis confidentes. Porque aparte de ser una vendedora también soy su amiga. Ellas me cuentan lo que les pasa, y yo las escucho y trato de ayudarlas a seguir adelante”, dice la mejor vendedora de Coca-Cola en Arequipa.

Edith le hace adiós con la mano, y María del Rosario sigue su ruta para visitar a otro bodeguero, siempre con su mejor versión.