La paciencia de un inventor puede calcularse en gotas. O, mejor dicho, en lo que demoran en caer. La innovación tiene ese ritmo: lento, pero certero. Y los siete miembros de Inventum pudieron comprobarlo cuando decidieron crear Pukio, una máquina capaz de lograr un pequeño gran milagro en Lima, la capital desértica: convertir el aire en agua.

A César Coasaca, ingeniero mecánico oriundo de Juliaca y Cofundador de Inventum, le da algo de rubor reconocer que el primer prototipo de Pukio apenas producía tres gotas al día. Sus manos robustas y su voz telúrica, el sello inconfundible de su origen andino, sirven para relatar ese inicio incierto pero apasionante de siete compañeros de un MBA de la Universidad Católica, que se propusieron cambiar el mundo a su manera.

El objetivo de los investigadores de una empresa incubada por la CIDE PUCP es que el novedoso dispositivo sea capaz de funcionar con paneles solares.

Para el ingenio nada es desechable: piezas de refrigeradoras viejas, maderas, cartones. Así se gestaron los primeros cuatro prototipos. Con un propósito casi tan grande como el planeta: evitar que 1.800 millones de personas vivan en la escasez absoluta de agua, tal como pronostica la ONU para el 2025. “Inventum se gestó como una iniciativa interdisciplinaria para poder hacer algo por nuestro país. Y, al ver los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, nuestro corazón dijo ‘hay que poner nuestro talento a trabajar’. Así que empezamos con este proyecto, con Pukio”, cuenta César.

El reto, con forma de sequía mundial, los hizo pensar en una solución práctica e inmediata. César encendió la llama de la curiosidad, pero otros cerebros se sumaron a esta cruzada por el agua: Takao Shimabukuro, Luis Gómez y José Luis Bohórquez, ingenieros mecatrónicos; Gianmarco Soria, ingeniero mecánico; Farit Zúñiga, químico farmacéutica; y Piet-Hein Briët, un holandés especialista en agronegocios. Todos apostaron por Pukio.

Como vertientes de diferentes rincones del Perú y el mundo, los siete integrantes no tardaron en encontrar el nombre ideal para su invento: “Pukio quiere decir manantial en quechua. Es una palabra peruana, para tecnología hecha orgullosamente en el Perú. Para mostrarle al mundo que podemos hacer grandes cosas aquí”, sonríe orgulloso César.

La última versión de Pukio podrá captar hasta 150 litros de agua de la humedad del medio ambiente al día. 

“Pukio funciona de forma muy sencilla. Obtiene el agua a partir de la condensación del aire. Es como sacar una lata de la refrigeradora. Primero, está seca; pero, luego, empieza a gotear agua por el proceso de enfriamiento”, explica Farit Zúñiga, la encargada de que toda el agua captada del ambiente sea tratada con filtros de luz ultravioleta y de carbón para ser convertida en agua potable.

El sueño de todos los integrantes de Inventum es ayudar a miles de agricultores. Ser el manantial de sus cultivos. Pero, por ahora, saben que deben ser realistas e ir paso a paso. Primero, lanzarán a Pukio al mercado, para que miles de familias puedan adquirirlo como un electrodoméstico. “En días de cortes de agua o en algún Fenómeno del Niño podrían usarlo para abastecerse”, explica César.

Pukio es el resultado de la creatividad de un grupo de ingenieros mecánicos y mecatrónicos, y de especialistas en química farmacéutica y agronegocios.

“Pukio va a permitir que muchas personas tengan más acceso al agua utilizando muy poca energía. Al sacar agua del aire podremos tener agua donde ni siquiera hay un río sucio o contaminado”, dice Farit, quien no oculta su entusiasmo: “En una hora podemos captar hasta cuatro litros de agua sostenible”. Por cierto, la versión final de Pukio, con acero inoxidable, podrá funcionar en costa, sierra y selva, con diferentes niveles de humedad, y, además, podrá captar hasta 150 litros de agua. Sin embargo, la meta es que sea activado por energía solar y que alcance una capacidad de 20.000 litros.

La garantía de calidad lleva el sello Made in Perú. Con numerosas distinciones que respaldan el aporte de este invento: desde el segundo lugar del Concurso Nacional de Invenciones de Indecopi hasta el premio Cisco Global Problem Solver Challenge 2018. Para César, estos premios son solo el recordatorio de que el reto sigue en pie: “Nos crea el compromiso de hacer las cosas bien para lograr un mundo más justo”.