Un aluvión de abrazos ha empezado a caer sobre Giovanna Núñez y José Vera. Vecinos, amigos y familiares se vuelcan hacia ellos. La felicidad se ha desbordado en todos los rincones de su minimarket, ubicado en Villa María del Triunfo.

Un breve discurso, un corte de cinta y aplausos por aquí y por allá. Apenas instantes para los vecinos que pugnaban por ser los primeros compradores del nuevo minimarket del barrio. Sentimientos acelerados en esta noche de estreno. Pero lo cierto es que para llegar a este momento, Giovanna y José, una pareja de bodegueros que no se cansan de recibir abrazos como si se hubieran sacado la lotería, trabajaron mucho durante catorce años.

Giovanna y José decidieron poner un negocio. El riesgo formaba parte de la decisión. “Pero, ¿qué puede ser?”, se preguntaron. Después de pensarlo algunos días, la respuesta apareciò ante sus ojos: Giovanna, hija de bodegueros, tenía la experiencia suficiente para hacer caminar una tiendita de abarrotes. Por su parte, José, encargado de seguridad de un supermercado que empezó siendo una bodega, tenía un ejemplo para soñar.

Ambos estudiaron la zona, los precios de la competencia y el nivel de la atención. “Hay que poner la tienda con los precios justos”, decidieron. Empezaron en un local donde apenas cabían los dos. Luego se mudaron a la sala de una casa alquilada, y allí resistieron los temores que aquejan a todo pequeño negocio. “Estuvimos a punto de desistir”, confiesa Giovanna, quien lejos de Villa El Salvador sentía que debía empezar de cero la relación con sus clientes.


“Paciencia”, le dijo José. “Vas a ver que todo va a empezar a mejorar”, trató de apaciguarla en una de esas tantas noches inciertas. Una semana después, su sueño comenzó a hacerse realidad. No sabe exactamente en qué momento sucedió, pero Giovanna sí recuerda la explicación detrás de ese milagro bodeguero. “Nosotros siempre nos preocupamos por tratar a la gente por igual”, dice, y sus ojos se achinan como si sonrieran. “Ahora recibimos el cariño recíproco de nuestros vecinos”, dice José, orgulloso.

Desde aquel 23 de diciembre del 2005, cuando abrieron por primera vez la bodega “Giovanna”, bautizada como la dueña, han construido más que un negocio juntos, formaron un hogar. Y terminaron de convencerse de que, así como decidieron arriesgarse una vez, debían hacerlo de nuevo si querían seguir creciendo: “Apostamos por un minimarket para hacerle frente a las tiendas de conveniencia. Dar un paso adelante antes que ellos. Y aquí estamos”, explica José.

Mucho antes de la inauguración, aún con el portón rojo cerrado, la historia de Giovanna y José sólo puede entenderse desde el esfuerzo: sumando todos los sábados y domingos que tuvieron que perderse fiestas y reuniones, sin olvidar las tantas noches de desvelo para dejar listo hasta el último detalle. Los vecinos, compradores de tantos años, se lo reconocen en ese aluvión de abrazos. “¡Felicitaciones, José! Da gusto que te vaya bien”, dice un vecino. “¡Qué alegría, Giovannita!”, comenta una de las compradoras.

En el estreno del minimarket, más de 200 vecinos del barrio llegaron para realizar sus compras. Algunos esperaron más de una hora.


José y Giovanna son los protagonistas del acontecimiento. Se lo han ganado a pulso. Primero, convirtiendo su modesta tiendita en una Bodega Elegida Platino, con el respaldo de Arca Continental Lindley y Coca-Cola, y, ahora, dando el salto al minimarket. “El Sistema Coca-Cola ha sido muy importante en este paso. Nos brindó todo el apoyo para implementar la infraestructura del nuevo local, que ahora nos permite brindar a nuestros clientes la mejor atención”, comenta José. “Al ser una Bodega Elegida Platino, el reto es más grande. Es un compromiso”, añade con una sonrisa de satisfacción.

No exagera, la responsabilidad es mayor: ahora tienen seis empleados a su cargo, todos vecinos de la zona, y una tienda diez veces más grande que el local anterior. Pero Giovanna no se atemoriza. Muestra el aplomo de los emprendedores: “Tenemos que seguir creciendo. No solo queremos quedarnos en esto. Queremos tener otra tienda en la parte alta del barrio. Los vecinos lo piden”. Tiene el convencimiento en la mirada: si ellos crecen, todos crecen. El progreso en el barrio es compartido. “Podemos darle más al público”, dice, antes de recibir otro abrazo.