Un sueño hecho realidad jamás se abandona. Mery Vílchez está convencida de eso. Le tomó mucho esfuerzo concretar la meta de la bodega propia y por eso ahora, en medio de la pandemia, decidió mantener sus puertas abiertas. Motivo suficiente para que su minimarket en Ate se convierta en símbolo del programa Mi Bodega Abierta de Inca Kola.

Combativa como toda huancaína, ha encontrado la manera de vencer el miedo. Cinco años al frente de su bodega le recordaron todo el sacrificio detrás: sus inicios como asistente de bodega, los ahorros empapados de sudor, los fines de semana sin descanso para pagar los estudios universitarios de su hijo Franco. Darse por vencida no era una posibilidad.

El minimarket de Mery fue elegido por Coca-Cola Perú y el Ministerio de la Producción para el relanzamiento del programa Mi Bodega Abierta de Inca Kola.

“Siempre quise tener una bodega. Es un sueño realizado”, cuenta, mientras observa el interior de su minimarket, levantado con sus propias manos. Es cierto, en algún momento dudó en continuar. Sintió temor. Era natural. Pero supo escuchar su voz interior. “Esta es mi pasión. Me gusta. Entonces dije yo tengo que seguir adelante”, recuerda.

Cuando empezó la cuarentena, de inmediato comenzó a aplicar los consejos del programa Mi Bodega Abierta. Primero, referidos a los protocolos de seguridad. “Empezamos a atender de uno en uno. Pusimos letreros. Exigimos que usen mascarillas. Prohibimos el ingreso de animales, y así hemos seguido hasta ahora, sin cerrar, excepto los domingos cuando se aplicaba inmovilización obligatoria”, dice.

El sacrificio valió la pena. Mery no solo lo ha hecho por ella o por su hijo, sino que ha entendido que proveer de alimentos a sus vecinos es contribuir al bienestar de su comunidad. Cada vez que ingresa un cliente, les recuerda limpiarse el calzado con lejía, mantener la distancia y desinfectarse las manos con alcohol en gel.

“Así los cuidamos a ellos y nos cuidamos nosotros”, dice. Por eso no duda en empezar el día desde las 5:30 de la mañana limpiando cada góndola y producto de su minimarket. Lo hace con esmero. Y una vez que abre las puertas de su local se coloca el protector facial, elaborado por Waysted e Inca Kola con plástico reciclado, para sentirse más segura.

El respaldo de Coca-Cola Perú y Arca Continental Lindley, a través del programa Mi Bodega Abierta de Inca Kola, le ha ofrecido herramientas y apoyo para espantar sus miedos. “Así como la mascarilla, Inca Kola me ha entregado una lámina protectora para colocar en el mostrador, y me brinda capacitaciones para mejorar mi bodega”, cuenta.

El distanciador social, elaborado por Waysted e Inca Kola con material reciclado, ha permitido que Mery pueda atender con mayor seguridad a sus clientes.

El minimarket de Mery es uno de los más de 6.000 negocios a nivel nacional, que, además de recibir equipos de protección, participa de los talleres virtuales impartidos por la Escuela de Negocios de Coca-Cola. Los conocimientos adquiridos en estas sesiones están impulsando a Mery a dar el salto tecnológico para potenciar su bodega.

El servicio de delivery a través de su celular es un primer avance. A Mery le cuesta, pero su hijo Franco la está ayudando. El siguiente paso será incorporar aplicaciones como Wabi para llegar a más clientes. “Yo tengo que seguir adelante, aprendiendo más. Y espero que este sea un ejemplo para otras bodegas, sean grandes o pequeñas”, dice Mery.

El sueño de la bodega propia está cumplido. La pandemia no ha podido arrebatárselo. Pero otros sueños siguen rondando la cabeza de Mery todos los días: la construcción de la casa propia y ver a su hijo graduado. “Gracias a Dios ya solo le falta un año y medio para que termine. Ya le he dicho: la herencia que te estoy dando es tu carrera”, dice.

Franco es el principal aliado de Mery en las labores dentro del minimarket. Su hijo está estudiando una carrera universitaria gracias al negocio familiar.

Mientras tanto, Franco es su brazo derecho en el minimarket. Entre clases virtuales y trabajos a distancia, la acompaña durante el día. Se encarga de reponer los productos y de atender los pedidos de los clientes a través del celular. “Mi meta es que sea un profesional”, se ilusiona Mery. Este es otro sueño que no estás dispuesta a abandonar. 

En Perú, gran parte de nuestros 340.000 clientes son pequeños comercios de barrio como el que gestiona Mery; bodegas y minimarkets que representan el principal ingreso familiar. Ellos forman parte de nuestra extensa cadena de valor en el país, que emplea a más de 12.000 personas de manera directa e indirecta e incluye, entre otros, a choferes, operarios y nuestra fuerza de ventas.

Con las acciones de la iniciativa regional Juntos Salimos Adelante buscamos impulsar el desarrollo de las personas y comunidades que forman parte de la cadena de valor, un eslabón fundamental para que puedas disfrutar de tus bebidas favoritas en cada momento y lugar.

Así como Mery, sigue los cursos virtuales de la Escuela de Negocios de Coca-Cola a través del siguiente enlace: https://www.arcacontinentallindley.pe/escuela-de-negocios.php.