Coleccionistas hay de todo tipo: arte, carros, comics, son algunos de los más conocidos. Millones de personas en todo el mundo se organizan en convenciones periódicas para mostrar sus tesoros y encontrar otros nuevos. Eso sí, nunca pensé que hubiera un coleccionismo a este nivel en lo que se refiere a objetos relacionados con Coca-Cola.

Es algo que pude comprobar de primera mano el año pasado en la reunión de coleccionistas de Coca-Cola que se celebró en Londres, en el número 1 de Wimpole Street, y a la que asistí por la gran curiosidad que siento, desde hace ya muchos años, por todo lo que rodea a la marca.

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Totalmente cubierto en rojo y con una montaña de cajas de botellas a disposición de los visitantes, el lugar de exposición albergaba una quincena de puestos en los que podían verse botellas y latas de todas las épocas, países, diseños, formas, tamaños y colores. Algunas celebrando acontecimientos como los Juegos Olímpicos, o rindiendo su particular homenaje a la moda o el cine. Lo resumía bien el coleccionista Daniel Morris: "Si puedes imaginarlo, es probable que exista".

Auténticas joyas y rarezas por las que coleccionistas venidos de todo Reino Unido, Francia, Alemania, España, Italia, Bélgica, Holanda y también Latinoamérica se congregaron para venderlas, comprarlas e intercambiarlas, como ya ocurriera en junio pasado en la convención celebrada en Cataluña, como muestra el vídeo.


Tuve la oportunidad de hablar con un ciudadano holandés que lidera en su país una importante comunidad de coleccionistas de Coca-Cola. Me comentó que este movimiento es muy potente en Estados Unidos, tanto, que la convención principal dura varios días, cuenta con la asistencia de cientos de personas e incluye charlas de los propios coleccionistas. No es para menos, en ocasiones sus largas y arduas búsquedas hasta dar con su objeto de deseo son dignas de ser contadas. Este holandés llegó a pagar 620 dólares por una edición limitada de botellas australianas de Coca-Cola.

Precisamente, este era el precio que otro de los coleccionistas presentes en la convención pedía por un bonito pack de cuatro botellas diseñadas y firmadas por el británico Matthew Williamson. Junto a él, compartiendo la misma pasión por Coca-Cola, estaba el belga Johan van Mierlo, quien, entre su vasta colección, me mostró dos botellas de vidrio de Coca-Cola de 1976, junto a dos bonitas jarras cuidadosamente decoradas con una pintura de estilo acuarela con caballos y el logotipo clásico de Coca-Cola. "Estos dos recipientes no habrían contenido la bebida, sino solo el concentrado con el que se elaboran", relataba.

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El uruguayo Roberto Arambillet muestra parte de su colección.

"Únicamente me he podido traer una parte, pero tengo la colección más grande de mi país", aseguraba por su parte el uruguayo Roberto Arambillet. "Mi esposa y yo hemos venido desde Uruguay solo para la convención", añade. También viajaron a la capital británica, nada menos que desde Tailandia, Sarinras Chainonthi y Theerayut Choeichomsri . "Soy coleccionista de Coca-Cola desde 1992, pero estoy viendo latas y botellas ahora mismo que no sabía que existían", reconocía con emoción Theerayut."¡Tenemos cerca de 3,000 latas!", precisaba su compañera Sarinras.

La verdad es que era imposible no detenerse y admirar la increíble diversidad de piezas expuestas, un viaje apasionante, vibrante y lleno de color por los 130 años de historia de este ícono de la cultura moderna.

Expositora de la rifa benéfica a favor de las Olimpiadas Especiales británicas.

También hubo espacio para el compromiso y la solidaridad. A partir de una libra, el que quisiera podía dejar su donación para las Olimpiadas Especiales británicas, el movimiento deportivo a nivel mundial en el que, desde 1968, toman parte personas con discapacidad intelectual. En la rifa posterior se sortearon latas de Coca-Cola Zero firmadas por la cantante Rita Ora o algunas de las seis mini-latas de Coca-Cola con superhéroes de Marvel que Noma Bar creó para la marca a principios de año.

A las latas y botellas expuestas acompañaban llaveros, naipes, juegos, gafas 3D, joyería, pins, bandejas o vasos. Respecto a las botellas, siempre me pregunto cuando las veo cómo es posible que muchas estén vacías y con la chapa perfecta.¿Habrá algún misterioso mecanismo para abrirlas sin tocar la tapa? Bueno, es una pregunta que me dejo anotada para la siguiente convención.

Una muestra de la diversidad de piezas expuestas.