Argentino, sociólogo y miembro del equipo de Business Decision Support de Coca-Cola Argentina, Tomás Gross lleva cinco meses en el Perú y ya siente que podrá volcar todo lo aprendido cuando regrese a su puesto habitual.

Visitaba Lima en calidad de investigador de mercado, pero a mitad de su estadía le surgió otro desafío: integrar la campaña de lanzamiento de la nueva botella de Powerade como miembro del Portfolio Marketing. Por supuesto, no lo dudó un segundo. Al tanto de las oportunidades que brinda la Compañía a sus empleados, Tomás aceptó la propuesta de quedarse en el país hasta agosto y trabajar intensamente para que Powerade, auspiciador oficial de la selección peruana, lograra su meta: promocionar con éxito su nuevo envase.

“Perú era de los países que más ganas tenía de conocer. Cuando surgió la oportunidad, estaba en un momento en el que quería tener esta experiencia. Me atreví a dar el siguiente paso”, cuenta sonriente Tomás. Una figurita de Lionel Messi sobre su escritorio no solo revela su origen, sino también su gusto por el fútbol y lo mucho que esto le sirvió para enriquecer aún más su labor en la campaña mundialista de Powerade.

“Si en Argentina se habla del Mundial dos o tres semanas antes de que empiece, aquí en Lima se hablaba desde febrero, desde que llegué. La gente ya tenía la camiseta puesta, se transmitían programas especiales por la tele, se vivían con emoción los amistosos previos. Era un clima de mucha efervescencia. Pero eso fue importante; porque la campaña de Powerade se apoyaba en cómo la gente se involucraba con el Mundial”, recuerda.

Es cierto, le tocó sufrir la eliminación de Perú y Argentina, pero quedó más que satisfecho con el trabajo realizado para Powerade. “Las botellas, con un mejor agarre —como parte de la campaña ‘Evoluciona’— llevaban las etiquetas con las estrellas de la selección peruana. Fue bueno apalancarse en esa euforia que se vivió por el fútbol porque el Mundial es una ventana de oportunidad que dura un mes cada cuatro años. Para una marca como Powerade, eso era súper relevante”, afirma.

Más allá de la experiencia mundialista, Tomás siente que su estadía en el Perú ha significado otro cúmulo de aprendizajes. “Lo que me llevaré de vuelta es un conocimiento más profundo del país y sus particularidades. La gente, la diversidad a todo nivel y la cultura. Muchas veces se diseñan las estrategias a nivel regional como si todos los países fueran lo mismo, pero una experiencia como ésta te permite tener otra percepción del lugar”, explica.

Hincha de River Plate, Tomás tiene una bandera peruana que decora su escritorio y no duda en encontrar un rasgo en común: “Llevamos los mismos colores”, dice con un guiño. A nivel laboral, valora el ambiente familiar de la sede peruana; y a nivel de conocimientos, la relación con los diferentes miembros de Portfolio Marketing, cada uno de ellos con distintas necesidades. Pero, sobre todo, ha confirmado que el espíritu laboral es el mismo adonde vaya. “El rasgo Coca-Cola, ese sentimiento de equipo, de pertenencia, es algo que permanece en todos los países, algo que atraviesa toda la región”, asegura con firmeza.

En su tercer año en la Compañía, está convencido del enorme valor que supone ser un integrante de Coca-Cola. “Trabajar aquí significa trabajar en la mejor Compañía del mundo. Existe una gran exigencia, es cierto, pero todo eso después se ve recompensado. Ver lo que uno hace plasmado en un producto no tiene precio”, dice este argentino que regresará pronto a Buenos Aires, con las maletas más llenas que cuando partió.