Las botellas siguen siendo el pilar del progreso de Sonia Hilario. Sobre ellas ha edificado su negocio, su casa, su vida. El centro de acopio GH SAC, ubicado en la planta baja de su vivienda en Los Olivos, cerró sus puertas durante los primeros meses de la pandemia, pero ha regresado con el impulso de su fundadora. “Uno tiene que levantarse y seguir”, dice.

“Las mujeres tenemos la capacidad para salir de cualquier problema. Las mujeres somos valientes por naturaleza”, asegura Sonia, la niña huanuqueña que llegó a Lima a los 12 años y que ahora es una invencible empresaria del reciclaje. Sonia es una de las 24.327 mujeres peruanas que pudieron transformar su vida y formar parte de 5by20, el programa que lleva adelante Coca-Cola desde hace más de una década para acompañar el desarrollo económico de 5 millones de mujeres a nivel global.

Veinte años de sacrificios no podían abandonarse. Sonia le hizo frente a la crisis sanitaria con el mismo compromiso de siempre: retomando el negocio del reciclaje de botellas y otros materiales reaprovechables. “He decidido continuar en este negocio porque es una fuente de ingresos para mí y porque así colaboro con el medio ambiente”, explica a Journey.

El regreso no fue fácil. En medio de la incertidumbre y el miedo, muchos de sus trabajadores decidieron volver a sus ciudades fuera de Lima. El panorama era adverso. Pero Sonia no se rindió. Logró su cometido con ayuda de Recicrece, el programa para el fortalecimiento técnico del reciclaje impulsado por Coca-Cola Perú, Arca Continental Lindley, San Miguel Industrias y ejecutado por Aprenda.

La entrega de canastas con alimentos y Equipos de Protección Personal (EPPs) fueron esenciales para afrontar la etapa de reactivación. Uniformes, guantes, mascarillas, alcohol, protectores faciales, lejía y desinfectantes le garantizaron un regreso seguro. Nos hizo sentir el apoyo de parte de Coca-Cola; que se preocupan por nosotros”, asegura.

Ese respaldo se ha visto reflejado en las constantes capacitaciones al personal que tiene a su cargo. “Recicrece nos ha apoyado bastante con las charlas sobre cómo manipular el material acopiado, cómo utilizar los equipos de seguridad y cómo cuidarnos en nuestro trabajo. Hemos aprendido bastante”, cuenta Sonia, optimista de cara al futuro.

Cada botella cuenta. Eso es algo que Sonia ha sabido explicarle a Nimar y Graciela, dos mujeres venezolanas que trabajan con ella desde hace algunos meses. “Quiero inspirar a otras mujeres con mi ejemplo; demostrando con mi trabajo”, dice. Si decidió apostar por ellas en particular es porque le recuerdan su origen migrante y su fortaleza de madre.

Y precisamente es el empuje de mujeres como Sonia en más de 200 países y su esfuerzo para que otras mujeres también se desarrollen económicamente, lo que ha permitido que la Compañía haya cumplido la ambiciosa y concreta meta de acompañar el crecimiento económico de 5 millones de mujeres en el mundo antes del cierre del 2020.

El regreso de Sonia

Al pie de la avenida Canta Callao, Sonia observa el fruto de su esfuerzo: el centro de acopio empieza a recobrar la vitalidad de los meses previos a la pandemia. “Mis ventas bajaron casi un 50%, pero ahorita estamos recuperándonos, estamos casi en un 80%”, cuenta. Eso le ha valido para retomar las entregas de plástico PET a San Miguel Industrias.

Cada tonelada que entrega Sonia al principal proveedor de Coca-Cola Perú garantiza la reelaboración de nuevas botellas. La totalidad del portafolio de la Compañía cuenta con un 25% de material reciclado y eso es gracias al esfuerzo de mujeres como Sonia. “Por eso les recomiendo a las personas no dejar de segregar sus residuos en casa”, recuerda.

La vida le enseñó a esforzarse el doble ante las adversidades. La partida de Wilfredo, su esposo y aliado en el negocio del reciclaje, fue una de las pruebas más duras. La hizo convencerse a sí misma de lo que era capaz. “Me defino como una mujer luchadora, emprendedora, fuerte y valiente. He sabido salir adelante”, cuenta.

El retrato de Wilfredo, en la entrada del centro de acopio, acompaña a Sonia cada día. La inscripción en la parte baja es su manera de homenajearlo: “Así estés lejos siempre estarás en nuestros corazones”. En honor a su memoria, cumplió con darle educación a sus cuatro hijos. Botella a botella continuó edificando el sueño de una vida mejor.

Sonia está preparada para afrontar los nuevos desafíos derivados de la pandemia. Ya lo ha demostrado antes: su empeño en el reciclaje le ha permitido que sus dos hijos mayores empiecen una carrera universitaria. “He podido darles una mejor calidad de vida”, dice. Ahora más que nunca tiene motivos para no detenerse. Rendirse no es una opción.