Luzmila corta. Doménica cose. Flor teje. Virginia borda. Rosangélica trenza. Everardina hilvana. Pero no son las únicas: Maritza, Nieves, Tomasa, Martha, Doris, Florencia, las dos Marías y las dos Rosas acompañan el ritmo. Puntillosas y dedicadas, cada una representa una pieza de un engranaje bien calibrado: una máquina humana de costura. Todas son madres de familia que decidieron formar la Asociación de Artesanas SISAN, con el apoyo del Museo de Pachacamac. Desde hace algún tiempo, se sumaron a la conservación del medio ambiente con la elaboración de artículos en base a plástico reciclado.

Todo empezó hace cuatro años cuando la actual Directora del Santuario de Pachacamac, Denise Pozzi-Escot, impulsó la integración del Museo de Sitio con la comunidad, como parte del plan de manejo para la conservación del lugar. La convocatoria logró que 52 vecinos de las zonas aledañas participaran de los talleres de dibujo, pintura, bordado, marketing, negocios y control de calidad. En ese proceso, las habilidades de sus integrantes, sobre todo en confección y costura, marcaron el camino a seguir: cambiarían sus vidas con sus propias manos.

Tomasa Arias, presidenta de la Asociación SISAN, aún recuerda esos primeros pasos. Con la ayuda de la ONG Sustainable Preservation Initiative (SPI) lograron perfeccionar sus conocimientos, ganar en autoestima y mejorar la cadena de producción. “La mayoría vino por curiosidad. Desconocíamos muchas cosas sobre el Museo pero al llegar vimos que podíamos crecer como amas de casa. Por eso, decidimos tomar más talleres y, conforme pasó el tiempo, fuimos descubriendo que podíamos aprender más”, rememora.

Cuatro años después, las 17 integrantes activas de la asociación han producido polos, sombreros, bolsos, monederos, mandiles y demás souvenirs; y han conformado un organigrama en el que las labores están bien definidas: diseño, producción, control de calidad, ventas, costos y marketing.

Las Artesanas de SISAN forman parte del plan de manejo del Museo de Sitio Pachacamac para integrar a la comunidad de la zona. 

“Poco a poco fueron empoderándose más. Si bien sabían bordar y coser, sumaron otras habilidades. Y ver todo eso reflejado en un producto de calidad con identidad tiene un valor agregado para ellas. Es gratificante formar parte de este proceso”, explica Cynthia Patazca, funcionaria del área de educación del Museo de Sitio de Pachacamac.

El cambio, en la vida de todas, es notorio: son capaces de aportar dinero a sus familias pero, sobre todo, son autónomas, emprendedoras y el principal ejemplo para sus hijos. “Eso nos alegra más porque podemos seguir haciendo cosas a la edad que tenemos, creciendo e independizándonos”, añade Tomasa, quien, además, valora el sentido de colectividad que se ha logrado entre las artesanas. “Todas tenemos ideas diferentes, pero al reunirnos compartimos formas de pensar y mejoramos porque nos ayudamos y alentamos entre todas”, explica.

Una vez consolidadas como protagonistas de la conservación del santuario y del patrimonio cultural de Pachacamac, estas mujeres decidieron comprometerse en otra lucha: la del cuidado del medio ambiente. A partir de los primeros meses del 2018, a través de una alianza con la marca comercial Khana, de la ONG Reciclando, empezaron a participar de talleres sobre reciclaje y aceptaron el desafío elaborar artículos con material reciclado derivado de botellas de plástico PET. Primero bordaron alpargatas y ahora se encargan de toda la confección de cartucheras y portasorbetes.

Cada cartuchera se realiza con tres botellas recicladas y cada portasorbete con dos. Doménica Alcázar, Vicepresidenta de la asociación y costurera de oficio, aún se asombra al pensar en todo lo que se puede hacer con esos envases que ella antes arrojaba a la basura. “Nunca imaginé que se podía hacer tela, hilos, botones, cartucheras y hasta zapatos. Ahora le damos más valor a nuestro trabajo porque sabemos que ayudamos al medio ambiente”, añade esta emprendedora, que sonríe orgullosa al reflexionar sobre su esfuerzo diario: “Es increíble lo que hemos logrado. Jamás pensé que iba a pertenecer a una asociación y que iba a aprender todo lo que sé. El Museo de Pachacamac nos ha cambiado la vida”.

Todas ellas se han demostrado a sí mismas que no hay edad para seguir aprendiendo, ni para tomar conciencia sobre la importancia del reciclaje. El siguiente reto en su agenda ya está definido: aprenderán a elaborar frazadas con material reciclado.

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