Existen amores que jamás se desechan. Amores cíclicos. Circulares. Capaces de renacer cada día y de reciclar los problemas para salir adelante. Así es la historia de Basilio Gómez y Noemí Caparachín, dos recicladores que se enamoraron hace diecisiete años mientras segregaba botellas, cartones y papeles. Y que ahora, en medio de una de las peores crisis sanitarias, tienen la fórmula para no rendirse: “Estar más unidos que nunca”, dicen.

Ella es de Tarma; él de Huancayo. Pero fue en Lima en donde empezaron a construir una vida juntos. Integrantes de la Asociación de Recicladores de Jesús María, aprendieron a sudar la calle, a padecer las adversidades de la informalidad y a poner el hombro por el otro. “Aprendimos a acompañarnos y a alentarnos mutuamente”, cuenta Noemí.

Basilio, uno de los gestores de la Ley del Reciclador en 2009 y de la Federación de Recicladores del Perú, tiene en ella a la aliada más leal. Pero hallarla tomó su tiempo. Panadero, pescador, maestro cevichero, vendedor de ropa, funcionario público y conserje, encontró en el reciclaje no solo su verdadera vocación, sino también a la mujer con la que terminó de darle forma a su mundo. Juntos aprendieron sobre el reciclaje y construyeron una familia: tres hijos, una casa y su propia asociación de recicladores.

Cada mañana, después de viajar desde Huachipa hasta Jesús María, Basilio y Noemí visitan diferentes puntos del distrito para recolectar residuos reaprovechables. 

No hay nada que no compartan Basilio y Noemí: los amaneceres con bostezos, una trimoto para cargar lo acopiado y las largas jornadas en las calles. Ni él ni ella pueden imaginar los viajes de casi dos horas desde Cajamarquilla, Huachipa, en donde viven, hasta Jesús María sin uno al lado del otro. “Ella es mi soporte en todo. Me impulsa a seguir”, dice Basilio.

Pero si el reciclaje los hizo trabajar en equipo, la pandemia los ha vuelto un solo palpitar. Después de que cayeron enfermos a causa del virus, se prometieron ser la sombra del otro. Se cuidaron, sobrevivieron y renovaron su compromiso con el reciclaje. “Nos hemos vuelto uno solo a raíz de la pandemia”, cuenta Noemí.

Nada los doblegó. En el momento más crítico, ambos decidieron continuar con su labor. Y el respaldo de Coca-Cola Perú y Ciudad Saludable fue decisivo. Como parte de la campaña #HazloPorEllos, recibieron víveres, equipos de protección personal y asesoramiento. El proceso de reactivación tras la primera cuarentena fue posible en buena medida por esa ayuda. “Siempre vamos a estar agradecidos”, dice Basilio.

Como integrantes de la Asociación de Recicladores de Jesús María, Basilio y Noemí se encargan de segregar todo lo acopiado en el EcoParque del Campo de Marte.

Con el nuevo brote, el panorama sigue siendo alarmante. El riesgo de reciclar en las calles es mayor. Pero no es la única preocupación de Basilio y Noemí. “Nosotros como recicladores ayudamos al medio ambiente, pero se ha retrocedido mucho con la pandemia. Los vecinos que apoyaban en un 80% hoy en día apoyan solo un 40% o 50%”, cuenta ella.

Desde la primera línea, Basilio y Noemí quieren ser un ejemplo de solidaridad. Así como médicos, enfermeros, bomberos y policías no han bajado la guardia, ellos dos como recicladores tampoco. “Nos tocó esta enfermedad, pero la vencimos. Como recicladores damos el pecho, seguimos yendo a las casas. Por eso le pediría a los vecinos, a la ciudadanía, que sigan participando del reciclaje”, dice él.

El esfuerzo de recicladores como Basilio y Noemí no tendría sentido si en las casas no se separa adecuadamente los residuos reaprovechables (plástico, vidrio, latas, cartón, papeles) de los no aprovechables (pilas, envolturas, mascarillas). “Segreguen, separen. No retrocedan porque para eso estamos nosotros los recicladores formalizados”, dice Basilio.

Ahora más que nunca es el momento de seguir adelante con el reciclaje. “Si no reciclamos hoy que ya estamos afectados por la pandemia, más adelante nos va a afectar la contaminación”, advierte Noemí. El reto empieza por casa.

El sueño de lograr Un Mundo Sin Residuos los mantendrá unidos.

En medio de la pandemia, Noemí y Basilio tratan de salir adelante. Superaron la enfermedad y ahora buscan que más ciudadanos sigan segregando en sus casas.