Finalizado el Mundial de Rusia 2018, todas las miradas están sobre Francia, el nuevo país campeón del mundo de fútbol. Pero serán otros los resultados que revelarán el compromiso de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) con el medio ambiente: ¿logró reducir la huella de carbono respecto de Brasil 2014?

Según cifras recogidas por el Banco Mundial, el certamen brasileño fue el Mundial más contaminante de la historia: generó 2,72 millones de toneladas de CO2, casi el doble de las 1,62 millones de toneladas emitidas en Sudáfrica 2010 y ocho veces más que Alemania 2006 (337 mil toneladas). La propia FIFA reveló en su momento que el 83,7% de las emisiones de gases de efecto invernadero, durante el Mundial 2014, se produjeron a causa del consumo de combustibles fósiles para el traslado por tierra de millones de visitantes a través del territorio brasileño.

Además, la energía producida por millones de televisores encendidos (24,6 toneladas de CO2) equivalía a 534.000 vehículos en circulación durante un año, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Si bien el gobierno brasileño usó las reducciones certificadas de emisiones para neutralizar las emisiones de carbono del Mundial 2014, la FIFA decidió avanzar un paso más en su compromiso por el cuidado del medio ambiente. En septiembre del 2016, el máximo organismo del fútbol mundial se convirtió en la primera organización deportiva internacional en sumarse a la campaña Climate Neutral Now de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).

Así, la FIFA se comprometió a convertirse en un emisor neutral para el año 2050, en sintonía a los objetivos del Acuerdo de París y, además, se trazó la meta de reducir las emisiones durante Rusia 2018. En concreto, el compromiso es medir, reducir y compensar las emisiones de las personas que asistieron al evento futbolístico. Por eso, en paralelo, el Ministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente de Rusia, con el respaldo del Comité Organizador Local (COL), elaboró la normativa de certificación RUSO The Football Stadiums para garantizar que los doce nuevos estadios edificados para el certamen cumplieran con el principio de construcción ecológica.

De esta forma, el estadio olímpico Luzhnikí de Moscú, el Spartak Arena y el Kazán Arena fueron los primeros en recibir la certificación Building Research Establishment’s Environmental Assessment Method (BREEAM) para edificaciones sostenibles. El Samara Arena, el estadio de Nizhni Nóvgorod, el Volgogrado Arena y el Mordovia Arena de Saransk también cumplieron con los estándares de construcción “verde”, que incluyen materiales de bajo impacto ambiental, reducción en el uso del agua, eficiencia de la energía eléctrica (reducción de hasta un 70%), mejor accesibilidad para el transporte, una adecuada gestión de los residuos y aumento de áreas verdes en las zonas aledañas, entre otros.

La Estrategia de Sostenibilidad del Mundial, en cooperación con el Gobierno de la Federación Rusa y el Comité Organizador Local, ha significado una inversión de 20 millones de dólares. Todo este esfuerzo ha podido apreciarse a partir de la ceremonia de apertura en el estadio Luzhnikí, en el que solo se utilizaron luces LED (en lugar de focos incandescentes) para el ahorro energético. Además, el sistema de calefacción, ventilación y de aire acondicionado automatizado han minimizado el consumo de energía en comparación al de la estructura convencional del otro estadio Central Lenin de Moscú.

Por otro lado, la FIFA se ha comprometido a compensar 2,9 toneladas de dióxido de carbono, que es la emisión promedio por cada boleto de avión de un visitante extranjero a Rusia. Para mitigar la huella ambiental por el tráfico aéreo (que significa el 56% de las emisiones totales), los organizadores lanzaron una campaña para que los asistentes registraran sus boletos (a través del sitio web de la FIFA) con el objetivo de financiar proyectos medioambientales. A cambio, los aficionados podían ganar un par de entradas a la final del torneo. Si bien menos de 34.500 fanáticos pidieron mitigar su impacto (100 mil toneladas de carbono), la iniciativa buscaba sentar un precedente.

Según cifras oficiales de la FIFA, de acuerdo a un informe de contabilidad del 2016, se espera que el Mundial de Rusia 2018 haya generado 2,1 millones de toneladas de CO2, incluyendo el periodo de preparación desde el 18 de julio de 2015 hasta el 13 de mayo 2018. El 90% del total de emisiones, sin embargo, se generaron durante el certamen (1,9 millones de toneladas). Los partidos tuvieron el mayor impacto climático (1,8 millones de toneladas) seguido por los Fan Fest de la FIFA (95 mil toneladas). Si los estimados se cumplen, habrá otro motivo para celebrar.

Los aficionados aplaudieron estas iniciativas y se sorprendieron al conocer que algunas de las camisetas oficiales de las selecciones ya se confeccionaban con plástico reciclado, haciendo que todos participen de manera indirecta en el reciclaje.

Si te interesa conocer más sobre iniciativas de sostenibilidad, haz clic aquí.