Una fruta al paso, una bolsa con comida del día anterior o con suerte un menú en un restaurante muy modesto. En los más de 30 años dedicados al reciclaje, Julio César Alarcón se acostumbró a que ese fuera su desayuno o su almuerzo en medio de una jornada entre botellas, cartones y envases de vidrio, convencido de que las condiciones de trabajo para los recicladores no mejorarían nunca.

Y el último año, como vicepresidente de la Asociación de Recicladores Unidos de Canto Rey, le tocó afrontar los meses más duros de la pandemia: sin ingresos y con las puertas cerradas de su centro de acopio en San Juan de Lurigancho durante meses, pensó lo peor. Pero el acompañamiento del programa Recicrece, impulsado por Coca-Cola Perú, Arca Continental Lindley y San Miguel Industrias, le permitió renovar la ilusión.

El símbolo de esta nueva etapa es el comedor instalado por Recicrece. “Cuando no teníamos apoyo de nadie, ahí apareció la ayuda de empresas como Coca-Cola”, dice Julio César, que acaba de terminar de compartir la mesa con Alexander, su principal ayudante en el centro de acopio, y Humberto, un reciclador informal que acude diariamente a venderle material rescatado de las calles. Todos saborean la comida con comodidad.

Más de 30 años en el negocio del reciclaje le han permitido a Julio César Alarcón comprender el aporte que realiza a favor del medio ambiente.

A Julio César le llena de orgullo ver estas y otras mejoras en sus instalaciones. En un principio, tenía como prioridad sobrellevar la peor etapa de la pandemia, pero luego comprendió que para cimentar un futuro como reciclador tenía que profesionalizarse aún más. “Las capacitaciones recibidas por Recicrece en gestión, uso de EPPs y primeros auxilios nos permiten mejorar. Apuntamos a crecer empresarialmente”, afirma.

La entrega de víveres llegó de la mano de Ciudad Saludable y Coca-Cola Perú. Pero luego la asistencia de Recicrece, ejecutado por Aprenda, se hizo visible no solo con la inauguración del comedor y las capacitaciones sino también con la instalación de letreros para catalogar las áreas de trabajo, la habilitación de un vestuario y la entrega de equipos de protección. “Se ve bien, se siente bien. Ahora tenemos mayor organización”, cuenta Julio César.

El estricto cumplimiento de los protocolos sanitarios es la mejor prueba de ello. Cada persona, triciclo o motocarga que ingresa al centro de acopio es desinfectado por Julio César. Todo lo aprendido con Recicrece se aplica para bienestar de los recicladores de la asociación. “En el momento que más lo necesitábamos, nos brindaron víveres, uniformes, EPPs, y sobre todo charlas, orientación y mejoras en la infraestructura”, asegura.

Pero lo que más agradece Julio César es haber recuperado la esperanza. En tiempos en los que los ingresos se redujeron y algunos asociados decidieron volver a sus ciudades de origen, él optó por no darse por vencido. “El reciclaje es parte de mi vida”. Lo dice alguien que aprendió a ganar sus primeras monedas desde muy joven con la intención de ayudar a su madre. La necesidad lo empujó al reciclaje sin saber que era una misión más grande.

Además de víveres, los recicladores de Canto Rey han recibido uniformes y equipos de protección para un correcto tratamiento de los residuos sólidos. 

Estudiaba en la mañana. Reciclaba en la tarde. Y aunque al principio mucha gente le hizo creer que se trataba de un trabajo indigno, poco a poco se dio cuenta de su enorme aporte a la sociedad y el planeta. “El reciclador es un actor muy importante en este mundo. Porque colaboramos a salvar el medio ambiente, a transformar los materiales que reciclamos. ¿Qué pasaría con el mundo si no hubiera recicladores?”, dice.

Solo el orgullo tiene cabida en él. Las enseñanzas recogidas durante las capacitaciones terminaron de convencerlo. “La información que nos dio Recicrece nos sirvió para saber que muchas personas nos valoran. Nos hizo sentir más orgullosos, más seguros de nuestro trabajo”, dice, después de acomodar un costal con botellas de plástico que San Miguel Industrias se encargará de transformar en nuevas botellas.

Es cierto que la producción de material reciclado se redujo en los últimos meses. Antes de la pandemia, la Asociación de Recicladores Unidos de Canto Rey podía acopiar hasta 20 toneladas de plástico PET al mes. Ahora, apenas sobrepasan las cinco toneladas. Son tiempos difíciles. Pero Julio César no pierde la fe. “Acá está mi sudor, acá está mi esfuerzo. Vamos a luchar hasta el final”, advierte. Y que nadie lo dude.

Julio César Alarcón forma parte de los casi 500 recicladores que han sido capacitados por el programa Recicrece, ejecutado por Aprenda.