“El reciclaje está creciendo cada vez más en Manchay”, afirma Gregorio Soto, uno de los principales gestores de la Asociación de Recicladores Defensores del Medio Ambiente de Manchay. En los cuatro años que llevan como segregadores formales, el panorama es  cada vez más alentador: consiguieron pasar de dos a cinco centros de acopio y en el último año aumentaron un 30% el material reciclado.

Todo ha sido posible a partir de la formalización. Si bien el reciclaje ya se realiza desde hace más de dos décadas en esta zona de Pachacamac, con esfuerzos aislados de segregadores informales en medio de basurales y botaderos, la conformación de la primera asociación de recicladores formales de Manchay trajo consigo no solo mejores condiciones de trabajo sino también el aumento de los volúmenes de recojo.

Los 32 miembros de la asociación, repartidos en los cinco centro de acopio, son capaces de recolectar, al mes, 60 toneladas de todo tipo de material reciclable: desde botellas de plástico, cartón y papel hasta metal y aluminio. Es decir, veinte veces el peso de cada reciclador en desechos reutilizables. Este esfuerzo alivia considerablemente el tratamiento de los residuos sólidos en Manchay, que tiene una población de 150 mil habitantes. “Así reducimos los costos de la municipalidad y ayudamos al medio ambiente”, explica Alejandro Soto, actual Presidente de la Asociación de Recicladores Defensores del Medio Ambiente.

A juzgar por lo ocurrido en 2018, los resultados son esperanzadores. Al menos en el caso del plástico PET, que pasó de 70 toneladas en 2017 a 90 toneladas prensadas en el último año. Ese aumento ha permitido surtir de una mejor forma a San Miguel Industrias, que se encarga de la elaboración de nuevos envases del portafolio de Coca-Cola.

El auge del reciclaje en Manchay se puede apreciar si se visita el principal centro de acopio de la asociación, al pie de la avenida Víctor Malásquez. Durante las últimas dos semanas de diciembre, el material segregado se incrementó en un 20 por ciento. “En esos días, solo nos dedicamos a acumular la mayor cantidad de residuos, pero ahora estamos procesando lo acopiado”, explica Alejandro Soto.

Los estimados para este 2019, según los hermanos Soto, es que los volúmenes podrían llegar hasta las 80 toneladas mensuales en todos los materiales reciclados. En otras palabras, eso significaría superar los logros del 2017, en los que, gracias al reciclaje, se ahorró 3,5 millones de litros de agua, se dejó de usar 4.068 metros cúbicos de relleno sanitario, y se evitó arrojar 872,80 toneladas de CO2 al medio ambiente.

De todos modos, hay algunas tareas pendientes: para empezar, el respaldo de las autoridades municipales en la tarea de sensibilización. “A diferencia de distritos como Surco o Miraflores, donde los vecinos entregan sus residuos segregados sin costo alguno, aquí, por un tema de necesidad, tenemos que comprar esos materiales. Eso encarece el producto final”, sostiene Gregorio Soto, quien, pese a esta situación, es optimista.

La formalización de los recicladores permitió un salto cualitativo en muchos aspectos. Uno de ellos es la llegada de la prensa, entregada a préstamo por la ONG Ciudad Saludable hace tres años, que permitió a la asociación mejorar sus ingresos. Y es que ahora son capaces de entregar 105 pacas de botellas prensadas, equivalentes a 7.500 kilos de plástico PET.

La fórmula es simple: cuánto más profesionalizado sea el trabajo de los recicladores de base, menos serán los residuos dispuestos de manera inadecuada en el medio ambiente. Lo que permitirá una verdadera economía circular, en la que asociaciones como Defensores del Medio Ambiente de Manchay provean materia prima para los nuevos envases de Coca-Cola. Un paso decisivo para lograr un mundo sin residuos.