A Celia Condori nunca le gustó el fútbol. En realidad, nunca se dio la tarea de entenderlo del todo. A lo largo de su vida siempre hubo temas más importantes en los que pensar antes: ser aymara hablante, migrante en Arequipa, madre soltera y recicladora en un mundo lleno de prejuicios marcaron sus prioridades.

Nacida en un pueblo llamado Moho, en la frontera con Bolivia, llegó a la ciudad de Puno a los ocho años con la presión de aprender correctamente el español. Años después se mudaría a Arequipa y un embarazo cambiaría el curso de su vida: el nacimiento de Anthony le dio un motivo más para seguir adelante.

Unas cuantas fotografías pegadas en un armario de su casa en Cayma relatan esos años de esfuerzos. El protagonista excluyente es Anthony, siempre con una camiseta, una copa o una pelota al lado. A través de él se puede contar y entender la historia de Celia, una madre soltera que encontró en el mundo del reciclaje la manera de cimentar el sueño de su hijo: lograr ser futbolista.

“A mí no me gusta el fútbol, él lo sabe, pero hasta donde él logre avanzar, yo lo seguiré apoyando”, dice Celia, que, a sus 40 años, es la Presidenta de la Asociación de Recicladores Ecoeficientes. Desde hace cinco años decidió salir a las calles y segregar los residuos sólidos de cientos de miles de familias de Arequipa. Despreciada por algunos, subestimada por otros, Celia lo hizo por una sola razón: su hijo Anthony.

“Él es el motivo por el que me despierto cada día. Gracias a este trabajo de recicladora le he podido dar educación y que no le falte nunca un plato de comida sobre la mesa”, dice, de pie, en el patio que comparte con su casera desde hace veinte años.

En esta mañana de viento helado, aquí en la zona alta de Cayma, Celia está de buen ánimo. La tarde de ayer pudo acompañar a Anthony a su entrenamiento con la Selección juvenil de Arequipa. Desde que forma parte del Programa de Reciclaje Inclusivo de Cayma disfruta de un horario de trabajo más cómodo y de mejores condiciones laborales. “En estos cinco años hemos crecido bastante. Como presidenta trato de que mis compañeras puedan tener un mejor salario y que trabajen en las mejores condiciones posibles; que todo sea menos recargado de cómo fueron mis inicios. Porque antes había días que no veía a mi hijo. Él me decía ‘Para qué tanto, mamá’, y ahora yo le digo ‘Este es el resultado de todo ese esfuerzo’”.

Celia está orgullosa de que con su trabajo se logren cuidar el medio ambiente y conseguir más botellas hechas de botellas recicladas. 

Las largas jornadas de casi doce horas de trabajo quedaron atrás. Ya no es necesario que Celia trabaje de sol a sol, pero ella sigue levantándose a las cuatro de la mañana para enseñarle a su hijo el valor del esfuerzo.Le doy el ejemplo de la perseverancia, de que todo, poco a poco, se puede lograr. Yo siempre le digo a mi hijo ‘Todos tenemos las mismas oportunidades’. El esfuerzo de cada uno logra abrir muchas puertas”, asegura.

Antes de partir hasta el puente Chilina, donde empezará su jornada junto al resto de sus compañeros, Celia se despide de su hijo, que este año acabará la secundaria. Para ella, Anthony es la mejor demostración de que nada es imposible. “Siempre le recuerdo a mi hijo que no hay plata que compre el talento o el esfuerzo”, añade Celia.

Anthony le da un beso a su madre. Le desea suerte. Es lo suficientemente espigado como para cumplir la labor de zaguero central en el Gran Sociedad de la segunda división de la liga de Jacobo Hunter. Mientras él se marcha al colegio con una pelota en los pensamientos, Celia empieza su recorrido por cientos de casas para recoger las bolsas verdes que contienen botellas, vidrio, cartón y otros materiales segregados. Las paradas en la plaza de Carmen Alto y en Tronchadero sirven para cargar todo en el camión.

A media mañana, el primer grupo de los trece integrantes de la Asociación Ecoeficientes llega hasta el centro de acopio de Cayma para descargar las más de 700 bolsas recolectadas. Con más de 23 toneladas acopiadas en un mes (2,3 toneladas de plástico PET), la Municipalidad de Cayma ha logrado tener el programa de reciclaje con mayores resultados desde su creación en 2014, con el respaldo de Coca-Cola Perú y Ciudad Saludable. “El apoyo de Coca-Cola Perú ha sido muy importante para consolidarnos”, dice luego Celia.

Ahora más que nunca, Celia está preparada para dar el siguiente paso: “Quiero formar una microempresa y hacer que la asociación crezca para dar más puestos de trabajo a otras mujeres, sin estudios y madres solteras como yo”. El camino no será sencillo. Sabe que habrá tropiezos, pero está preparada para levantarse, como su hijo Anthony después de cada derrota: “A pesar de todas las caídas, yo soy fuerte. Las mujeres aymaras somos trabajadoras y luchadoras. No hay nada imposible para nosotras”.