No es imposible escalar sobre una ruma de botellas vacía. Luis Taco puede decir que lo ha logrado: desde aquellos años en los que la necesidad lo llevó a ir de la mano de su madre a los rellenos sanitarios, su historia se ha convertido en la del ascenso de un héroe anónimo. Como reciclador en Ica, ha experimentado la informalidad, el hambre y más de 40 años de esfuerzo. Hoy, tiene la certeza de que el reciclaje también puede ser un oficio digno y seguro.

Ninguno de sus pasos ha sido fácil. El entonces niño reciclador aprendió que cada residuo aprovechable vale su peso en monedas, pero que la carga es pesada. Al crecer, tuvo que dejar de lado una carrera técnica para llevar comida caliente a su casa. En el camino, Flor de María Peña decidió seguirlo por amor. Se casaron y formaron una familia. Y lo aprendido por Luis, como herencia de su madre, sirvió para edificar un hogar sobre botellas.

En el populoso barrio de Parcona, entre torres de alta tensión y casitas a medio construir, la motocarga de Luis ruge sobre el camino de tierra. Una polvareda se levanta. Acaba de estacionarse sobre la puerta de su depósito, que también es su casa. En la parte de atrás, van sentadas Flor de María y la hija mayor del matrimonio: Mirella. Al igual que sus padres, ella también se dedica al reciclaje, pero no es la única de la familia.

Aldair se encarga de transportar las pacas de botellas compactadas. Luis, su padre, lo inició en el negocio del reciclaje. Ahora trabajan juntos 

En otro rincón de Ica, sus dos hermanos, Ray y Aldair, acomodan botellas sobre la tolva de un trailer como si fueran bloques de tetris. Si su padre acopia envases, uno a uno, en casas y tiendas, ellos se han especializado en compactarlos por cientos. Ray los comprime en una prensa. Aldair los transporta en un montacarga. Ellos se convierten así en el último eslabón de una cadena en la que también participan su madre y su hermana Mirella, que antes seleccionaron los residuos en el depósito del Programa de Segregación en la Fuente Domiciliaria (PROSEFU).

Todos son parte de una misma cadena, pero trabajan por separado. Luis ha decidido alejarse de la gestión de Nuevo Horizonte, la asociación de recicladores que alguna vez fundó y que ahora lidera su esposa, para darle otro sentido a su oficio. Desde que conoció a PachApp, un emprendimiento ambiental que busca conectar a las empresas con los recicladores, su vida ha dado un vuelco. Con horarios, clientes y rutas estables, ya no debe ir a un relleno sanitario, como cuando niño, o esquina por esquina, como cuando joven. La sistematización de su trabajo ha sido un avance.

“Con PachApp es mucho más formal. Ya sé dónde debo ir. Hago visitas a empresas, y cuando llego me dan el material que han acopiado durante días”, cuenta Luis Taco luego de salir del hotel El Mirador en el distrito de La Angostura. Los dos costales repletos con botellas de plástico casi han colmado la tolva de su motocarga. Lo despiden con gratitud. La gorra, el chaleco y los guantes no solo le dan seguridad, también visibilidad.

Luis y Flor de María han forjado un hogar a partir del trabajo como recicladores. Ahora ella es presidenta de la Asociación de Recicladores Nuevo Horizonte de Ica. 

En el pasado, era una sombra en las madrugadas hurgando en la basura ajena o apenas un extraño al que mirar con desconfianza. Él mismo se resignó a minimizar su oficio. Pero ahora algo ha cambiado. “Como dicen muchos, somos los héroes del planeta. Nos sacamos la mugre por lograr nuestro sustento, pero a la vez lo hacemos por el medio ambiente y por el mundo. Por eso pedimos que nos respeten cuando estamos en la calle”, dice.

La formalización y el uso de la tecnología aplicada al reciclaje han favorecido su trabajo. “Ya no debo esperar por el material que me entregan”, explica. Y ahora que se ha sumado al programa Bodega Sin Residuos de Coca-Cola Perú, lo confirma: tiene asegurado todo el material que se acopie durante los dos meses que dure la campaña en los seis puntos elegidos. Los bodegueros iqueños, al tanto de su labor, le entregan lo acopiado cada semana.

Esas miles de botellas llegarán directamente a las manos de sus hijos Ray y Aldair, porque nunca se juntarán con otros residuos. Ambos se encargarán de compactarlas en el centro de acopio El Trébol, donde ahora todos posan para el retrato familiar, el primero que se han tomado en todos estos años dedicados al reciclaje. No están acostumbrados. Lucen tímidos. Pero sonríen orgullosos. Sobre todo Ray. “Mi abuela fue quien inició todo. Mis padres siguieron, y ahora nosotros estamos aquí”, dice.

Luis Taco decidió aliarse con PachAPP y Coca-Cola Perú. Ahora es el encargado de acopiar las botellas recicladas de la campaña Bodega Sin Residuos

El reciclaje ha sido la vía para su propio ascenso. Dentro de poco, Ray se graduará como administrador. Cada botella que compacta es una moneda más para pagar su pensión universitaria. Pero es también el cimiento para un sueño mayor: “Pienso hacer una empresa de reciclaje para poder procesar y exportar el plástico que acopiamos”. Con ayuda de Aldair y Mirella será posible. Lo que más desea Ray es perpetuar el legado familiar.