José Antonio Valdivia se ha acostumbrado a que lo llamen friqui. Poco le importa que lo miren con extrañeza cada vez que recoge de las calles alguna computadora malograda. Desde que se convirtió en Profesor Reciclarte en 2013, este maestro de escuela se convenció de que podía hacer mucho más que dar clases de computación en un colegio nacional. Entonces se trazó una meta: reparar el mundo con piezas informáticas.

En realidad, el sueño de José Antonio Valdivia es el sueño de muchos: alcanzar Un Mundo sin Residuos. En su caso, vio que además de reciclar botellas de plástico, vidrio o envases de cartón, él podía ayudar dar un mejor tratamiento a un tipo de desecho poco atendido y que va en aumento: los residuos informáticos. Después de cerrar su negocio de cabinas de internet, decidió que todos esos materiales podían ser reaprovechados.

Así nació el proyecto Profesor Reciclarte, cuya primera obra fue escarabajo realizado con un mouse en desuso. Poco a poco, la colección de insectos se fue completando. Hasta que José Antonio dio el siguiente paso: empleó los botones de un teclado y las partes de una placa madre. Nada podía desaprovecharse. Bastaba un poco de ingenio para convertir esas piezas aparentemente inservibles en adornos, juguetes y hasta en robots.

“Como profesor de informática, vi que hay muchos desechos electrónicos que arrojamos a la basura. Uno se da cuenta cuando visita los centros comerciales en el Centro de Lima o en Paruro. Una forma de darles cierto uso es captar esos desechos y transformarlos en obras de arte”, explica José Antonio, vestido con un impecable guardapolvo blanco, mientras revisa sus creaciones en el tercer piso de su casa.

Las creaciones del profesor Valdivia están orientadas a darle un segundo uso a los residuos tecnológicos. 

El esfuerzo desplegado en seis años de clases gratuitas sobre reciclaje informático y exposiciones en ferias tecnológicas cabe en algo más de seis cajas que atesora en un almacén. Una araña gigante hecha con placas madre. Un barco pirata con tres teclados de computadora. Una versión de Groot elaborado con dos mouses y cables de poder. Una réplica del casco del Depredador. La lista sigue, y el Profesor Reciclarte no se cansa.

Desde que acabó sus estudios de Matemática e Informática en la Universidad Nacional Federico Villarreal, quería trascender en la vida. Enseñar y servir. Ayudar, de algún modo, a que el planeta sea un mejor lugar para vivir. “Lo que busco es despertar la conciencia de los alumnos a través de tres aspectos: uno, el cuidado del medio ambiente por medio del reciclado y reuso informático; segundo, estimular la vena artística que tiene cada chico; y tercero, que conozcan más sobre el mundo de la tecnología”, explica.

Su taller de trabajo tiene todo lo necesario para demostrar que solo hace falta un poco de imaginación para reciclar y reutilizar. Discos duros, teclados, tarjetas electrónicas, celulares, laptops, impresoras, escáneres. Y mucho más. La variedad de residuos es amplia. “Dicen que el cielo es el límite, pero eso es mentira. En realidad, es nuestra imaginación”, aclara José Antonio.

El Profesor Reciclarte lleva seis años creando obras con material reciclado.

El mensaje detrás de cada una de sus creaciones es uno solo: si los residuos informáticos o electrónicos no son bien tratados, pueden contaminar el suelo, el aire y el mar. “Estos desechos tienen silicio, plomo y zinc. Por eso debemos depositarlos en puntos de acopio autorizados o entregarlos a personas como yo para que puedan convertirlos en objetos decorativos o útiles como porta lapiceros, portarretratos o baúles”, explica.

En el taller del Profesor Reciclarte, nada es basura. “A partir de materiales que botamos en casa se pueden hacer muchas cosas: objetos lúdicos que pueden despertar el amor por la robótica. Todo sirve”, dice José Antonio, friqui declarado, amante de Star Wars y, sobre todo, agente de cambio.