Desde que decidió convertirse en una agricultora en la zona de La Colina en Oxapampa, hace más de 15 años, Rosalinda Rendich entendió que el agua era una pieza esencial de ese frágil pero poderoso ciclo creador que nace de la tierra. En equilibrio, hombre y naturaleza deben convivir, pensó. Sin saberlo entonces, ya se había convertido en una guardiana del agua y de los bosques.

Cuando años después, integrantes del Instituto del Bien Común (IBC) llegaron hasta su chacra, el agua fue la protagonista de la conversación. Ella escuchó atenta. El programa de Gestión participativa para la conservación, recupero y manejo de las zonas de interés hídrico en la Biosfera de Oxapampa necesitaba de propietarios dispuestos a preservar las microcuencas de las zonas altas de la ciudad. No lo dudó un segundo.

Una de las pequeñas microcuencas que nutre el río Chorobamba nace en los bosques altos que colindan con la propiedad de Rosalinda Rendich.

Al poco tiempo, en 2014, firmó el Acuerdo Recíproco por el Agua (ARA), un modelo de gestión de tierras que cuenta con el respaldo de Coca-Cola Perú. Fue la primera mujer en firmalo. A partir de entonces, se dedicó a impulsar una agricultura sostenible. En sus cuatro hectáreas y media de bosque, comenzó a plantar árboles nativos como Ulcumano, Nogal y Diablo fuerte, y a apostar por cultivos alternativos que tuvieran una mejor eficiencia en el uso del agua.

Todo estaba alineado a un propósito mayor: mantener húmedos los suelos de las zonas altas de Oxapampa. Y es que solo a partir de árboles vigorosos —los responsables de captar la humedad del ambiente— las principales fuentes seguirán su inacabable camino hasta formar los grandes afluentes que garantizan el agua a millones de personas. “Yo me considero una protectora del agua para las futuras generaciones”, dice Rosalinda.

Sus cultivos de granadilla ya no son su principal fuente de ingreso. Rosalinda Rendich ha entendido que debe sembrar lo justo sin deforestar. “En los últimos diez años se ha plantado demasiado granadilla, porque es un cultivo rentable. Pero se ha matado muchos nutrientes, y algunos animalitos, como las abejas, se alejaron. Reforestando estamos tratando de mejorar los sueldos para un mejor cultivo y para preservar el agua”, explica.

La chacra de Rosalinda Rendich ahora huele a limones maduros, a paltas carnosas y a café orgánico. En la zona baja de su terreno, estos cultivos comparten espacio con plantones jóvenes de Uculmano y Nogal. El Instituto del Bien Común (IBC) le ha proveído más de 3.000 árboles, que ella se ha encargado de cuidar con el esmero de una madre. Los riega todos los días. Los observa crecer. Y sueña con el día en que serán más altos que ella.

Más de 3.000 árboles ha plantado Rosalinda Rendich desde que firmó el Acuerdo Recíproco por el Agua en 2014. El compromiso tiene una duración de diez años.



“Algunos demorarán en crecer más de cuarenta años, pero yo quiero dejarle esto a mis hijos”, dice, mientras acaricia las hojas de un Diablo fuerte que apenas le llega a las rodillas. En cada rincón de su chacra, Rosalinda Rendich se cruza con un pequeño árbol. Incluso con Robles y Pinos, que muy pronto darán sombra al borde de los linderos. “Yo estoy reforestando con árboles nativos para mantener nuestra agua, para conservar la tierra fértil y preservar el hábitat de los animales y las plantas”, dice, orgullosa de sí misma.

Rosalinda camina ahora hacia el origen de la vida. Uno de los tres reservorios ubicados en La Colina está cerca a su propiedad. La principal fuente de agua, que permite mantener frescos sus cultivos, proviene de cientos de arroyos subterráneos que se unen hasta desembocar en un torrente copioso. Son corrientes de agua cristalina que le mojan la mano. Ella sonríe complacida y se echa un chorro sobre el rostro. Un chorro de felicidad.

“El agua es muy importante para la vida. Si no hay agua, no hay nada. Por eso nosotros estamos conservando los bosques para conservar nuestra agua. Mejor agua subterránea para Oxapampa”, dice de regreso a su casa, ubicada en una pequeña colina con vista a valle del Chorobamba. La construcción de madera tiene dos pisos y un letrero a la entrada con un mensaje inequívoco: “Conserva el agua que tus hijos beberán”.

El almuerzo, con la tarde luminosa sobre el rostro, es otra forma de vivir en armonía con esa naturaleza que tanto cuida. Rosalinda Rendich come en paz junto a su familia. El agua se lo permite. Todo lo que ahora tiene sobre la mesa es posible gracias a esa fuente de vida: el caldo de gallina de chacra, la porción de pituca —un tubérculo de la zona— y el café para la sobremesa. “Vivir en La Colina es vivir en un paraíso. En el paraíso de Oxapampa”, dice.

Su historia es una de tantas que demuestran que es posible garantizar el uso sostenible del agua. Cuidándola gota a gota.