— Abuelita, mis amigas te han visto que trabajas en la basura.

— Eso no es basura, es material reciclable y reaprovechable. Tiene un fin. Yo me siento orgullosa de ayudar al planeta y de tener un trabajo digno.

Esta charla entre Sofía Taco (61) y su nieta Jaqueline (16) ocurrió un par de años atrás cuando un canal de televisión de Arequipa decidió contar el trabajo de la Asociación de Recicladoras Sumaq Pacha en Cerro Colorado. Si hasta entonces el esfuerzo de Sofía había estado bajo el anonimato, a partir de aquel reportaje media ciudad se enteró de su paciente y silenciosa labor como segregadora de residuos reciclables.

Desde finales de los años ochenta, cuando la contaminación no era un problema tan mediático, esta mujer menuda empezó en Arequipa una labor menospreciada por la mayoría: rescatar desechos reutilizables de aquellas montañas de desperdicios acumulados sin ningún cuidado. Botellas, vidrio, cartón, papel, latas, plástico... todo era valioso para Sofía y otros 40 recicladores que se acostumbraron a trabajar sin guantes, cascos, ni mascarillas.

“Nos exponíamos a cualquier enfermedad o peligro”, dice ahora, sentada en medio de varios costales donde va separando las botellas de plástico PET de los envases de aceite. Un toldo translúcido, colocado en lo alto del centro de acopio de Cerro Colorado, la protege de la radiación solar. Después de más de 25 años como recicladora informal, su vida ha dado un vuelco desde su ingreso a la Asociación Sumaq Pacha.

Sofía trabaja a la par de las otras siete recicladoras de la Asociación Sumaq Pacha. La fortaleza es su distintivo.


En los cuatro años que lleva como asociada, Sofía ha podido comprobar las mejoras sustanciales de la formalización. “Tiene bastantes beneficios. Ahora vendemos en red y tenemos una mayor comercialización con un precio más digno”, cuenta. Pero lo que más la llena de orgullo es ver que ahora su nieta ha empezado a valorar su trabajo. “Ella ya entiende que nosotras somos aliadas del planeta y que todos los desechos que juntamos forman parte de una cadena para luego ser reaprovechados”, dice.

Pese a estas conquistas alcanzadas, Sofía debe seguir motivando a sus compañeras. Junto a Sugei Vera, Presidenta de la Asociación, trata de que Basilia, Primitiva, Ernestina, Lilia, Honorata y Rosalía sientan orgullo de su labor. “Este trabajo es muy importante porque como recicladoras ayudamos a conservar el medio ambiente, contribuimos a que la municipalidad gaste menos combustible en sus viajes, y ayudamos a que empresas como Coca-Cola, hagan sus botellas con material reciclado”, explica.

Nacida en el Cusco, pero arequipeña por adopción, Sofía ahora vive en el distrito de Yura. Cuando repasa su vida, sobre todo estas tres últimas décadas dedicadas al reciclaje y a la economía circular, se convence de su enorme aporte y de cómo gracias al mismo ha podido mantener a su familia y darle una mejor vida a su nieta. “Saliendo a las calles y tocando las puertas, estamos contribuyendo un poco con el planeta. Aún hay bastante por aprender, pero creo que más personas se van a empezar a sumar.”, dice optimista.

A sus 61 años, ya tiene claro cuál va a ser el legado que piensa dejarle a su nieta Jaqueline, a sus compañeras de Sumaq Pacha y al planeta: “Ahora que hemos empezado a trabajar con el centro de acopio y la prensa, que nos han entregado Coca-Cola y Ciudad Saludable, queremos convertirnos en microempresarias. Tenemos que cumplir la meta de formar nuestra empresa con un terreno propio”.