Un garacu canta desde un rincón remoto del bosque de Oxapampa. Suena como el trinar aflautado de una quena. “Va a llover”, se apura en anunciar Iván Romero. En sus más de 15 años como docente del Colegio Nacional Agropecuario N°53 San Francisco de Asís, ha aprendido a ser el mejor alumno de la sabia naturaleza: escucha, observa y aprende. “Es una enciclopedia. Nunca deja de enseñarnos”, dice el profesor.

Por ella se hizo maestro de escuela. Pero uno muy diferente al resto: prefiere tener como aula a la espesura del bosque, como carpetas a los troncos de los árboles y como pizarra al cauce de un riachuelo ruidoso. Dos días a la semana dicta sus clases en la Unidad Experimental Número 2, La Unión, en la zona de San Alberto, un predio de 12 hectáreas de bosque, que alguna vez perteneció al ecologista Antonio Brack Egg.

Aquí, entre huertos, árboles y un vivero, da cátedra sobre la necesidad de preservar los bosques y el agua: un tema tan inagotable como la vasta sabiduría de la pachamama: ¿Por qué hay que cubrir las cuencas de los ríos con especies forestales? ¿Cuáles son las diferencias entre los tipos de árboles? ¿Qué hay en un sotobosque de especies exóticas o nativas?

Después de dejar su natal Huancayo y graduarse como zootecnista de la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión de Pasco, Iván siguió el llamado de la tierra. Llegó a Oxapampa, y, de la mano de uno de sus maestros, Antonio Brack Egg, entendió que su destino era convencer a más personas del valor de la naturaleza como una fuente pródiga de conocimientos. Ahora tiene más de 200 alumnos y miles de árboles plantados.

Las semillas germinadas en el vivero del colegio sirven para reforestar cientos de hectáreas del bosque de Oxapampa. El profesor Romero supervise estas labores. 

Mientras avanza sobre una trocha angosta, al pie de un arroyo de agua mansa y limpia, el profesor habla de raíces, semillas y hojas con el tono pausado de un maestro comprometido con la enseñanza. “El bosque es sinónimo de agua. El bosque es sinónimo de vida. El bosque es sinónimo de hábitat para diferentes especies. Creo que Oxapampa puede retomar ese renombre que tuvo alguna vez de capital forestal”, asegura Iván.

La mayor esperanza está puesta en sus alumnos. Muchachos curiosos que lo siguen, como fieles discípulos, en la tarea de convertir semillas de uculmanos, nogales y diablo fuertes en futuros árboles que tocarán el cielo. O que se adentran con él en lo enmarañado del bosque y acaban colgados de los bejucos (lianas) o chapoteando en el agua. “Mi mayor satisfacción es saber que ellos cuidan el ambiente, que saben que este es nuestro único hogar”, dice.

La verdadera semilla es la que planta él en sus conciencias. En la mayoría de casos, sus alumnos son hijos de agricultores o ganaderos que llegan al colegio con la intención de mejorar la eficiencia de sus actividades en el campo. Después de sus clases de Industrias Agropecuarias, nada es igual. Muchos se van sabiendo que el equilibro con la naturaleza es el único camino.

La mejor respuesta de sus alumnos está en las miles de semillas germinadas en el vivero del colegio. El profesor Iván ha logrado que todos sientan el compromiso de reforestar los bosques de Oxapampa. Solo así, las fuentes de agua, que corren por sus entrañas, no dejarán de fluir. “Es hoy. Para salvar el mañana, plantemos un árbol”, se lee en un letrero, colocado por uno de sus alumnos, al lado de un pequeño uculmano.


Tan solo en el 2018, 1.200 nuevos árboles pasaron a formar parte de las 12 hectáreas de la Unidad Experimental del Colegio Nacional Agropecuario N°53 San Francisco de Asís. “El árbol es el mejor amigo del hombre. Es un pequeño mundo para nuestro sistema, que permite que la vida siga siendo posible y el agua no se acabe”, explica Iván.

Mejor que una presentación con diapositivas o un cuadro sinóptico, un árbol. No lo duda. Nada más didáctico que un añoso uculmano o un imponente nogal. Al menos así lo considera el profesor Romero, un optimista de la educación ambiental . “No creo que exista un mejor salón que el bosque”, afirma. Y lo dice él, un Guardián de los Bosques y el Agua en Oxapampa, reconocido por el Instituto del Bien Común y Coca-Cola Perú.

El homenaje a su infatigable apostolado no hace más que motivarlo a continuar adelante. “Nos brinda las ganas para seguir trabajando, para no creer que estamos solos, que somos unos tipos aislados tratando de salvar el mundo”, dice, convencido de que mientras siembre en terreno fértil, su labor nunca será en vano. “Como alguien dijo, si debemos sembrar semillas en los corazones para que todo sea verde, con todo gusto”.