Una botella en las manos de Ana Vilma Huayra puede convertirse en magia. Antes no lo hubiera creído, pero ahora se ha convencido de que todo es posible con imaginación y empeño. Todo. Ana sonríe orgullosa y contagia optimismo.

Un grupo de mujeres como ella, madres, migrantes y emprendedoras, han seguido sus pasos. Entre todas decidieron hacer posible una aspiración común: impulsar un producto que les permitiera tener acceso a un trabajo digno y, a la par, reducir la huella ambiental que generan los residuos. La propuesta de Imaginarios Perú, un emprendimiento socioambiental que comparte el vecindario con ellas desde hace ocho años, despertó su curiosidad: ¿qué tan difícil puede ser transformar una botella de vidrio en un vaso?

Lola Apolinario, Gerente General de Imaginarios Perú, se encargó de convencerlas.

Sobrevinieron meses de pruebas y temores. Botellas rotas. Vasos imperfectos. Los inevitables tropezones antes de echarse a andar. Todos aprendieron en el camino. Sobre todo, Ana y sus compañeras Salomé, Miriam, Rina, Gloria y Dilmar. Todas con sangre huancavelicana. Roja coraje. Todas dueñas de la paciencia necesaria para elegir botellas, lavarlas, desetiquetarlas, cortarlas y pulirlas hasta convertirlas en vasos. Magia pura.

Salomé, Miriam, Gloria, Ana y Rina se encargan de seleccionar las botellas. Todas ellas son vecinas de El Agustino, madres y migrantes huancavelicanas.

Pero hizo falta que Coca-Cola Perú las animara a lanzar su producto al mercado. El empujón final se materializó con un pedido de 500 packs con cuatro vasos cada uno. En total, 2.000 piezas de colección con el logotipo de la marca fijado en bajo relieve. El encargo tenía un motivo en especial: convertirse en el mejor regalo por el Día del Reciclador. Este impulso —dentro del compromiso 5by20 que busca empoderar a cinco millones de mujeres al 2020— permitió que la maquinaria empiece a andar con la fuerza de mujeres ilusionadas.

Debajo de un molle discreto, en la subida a uno de los cerros de El Agustino, Ana y sus compañeras cargan dos costales repletos de botellas de Coca-Cola. “Con Vidriosas hacemos vasitos. Trabajamos con las vecinas. Con esto puedo ayudar para llevar dinero a mi casa”, dice Ana, con las manos cubiertas por unos guantes de goma.

Lola y Máximo, su socio creativo, supervisan las labores al milímetro. El pequeño batallón de mujeres cumple cada paso del proceso con una sola consigna: reducir el uso de energía y agua cuanto sea posible. La ingeniera Evelin Chávez ha podido medir con acierto este esfuerzo. “Si una maquinaria industrial genera una emisión de 174 gramos de CO2 por cada vaso, nosotros lo estamos minimizando a una octava parte”, asegura.

Lola y Máximo participan del proceso. El corte, pulido y retocado de los bordes se realiza con una sola máquina, creación de los ingenieros Noelia Ilaquito y Juan Córdoba. 

La cadena entera ha sido pensada para favorecer al medio ambiente. Desde la reutilización de botellas hasta la creación de una máquina capaz de cumplir tres tareas en una: cortar el vidrio, templarlo y redondear sus bordes. Noelia Ilaquita es uno de los cerebros detrás de un aparato que luce artesanal, pero que es apenas el prototipo de una máquina fascinante. “El aporte innovador es que tiene los tres procesos que se requieren en un solo equipo. Así se logra que no se note que este vaso proviene de una botella reciclada”, afirma.

Ana tiene lista una botella de Coca-Cola para ser cortada. Lola se encarga de que la llama del soplete haga el resto. Ambas sonríen satisfechas. “Detrás de un vaso hay todo un trabajo muy fuerte, toda una cadena de valor. Desde la mujer recicladora que va y recupera esta botella tirada en la calle hasta el grupo de señoras que han sido capacitadas para convertirla en un vaso, dándole un valor agregado”, dice.

Para Lola no es posible pensar en cuidar el entorno sin promover un cambio social. El lanzamiento de Vidriosas como una StartUp ha priorizado este enfoque: luchar contra el cambio climático a partir de transformar la vida de mujeres emprendedoras. “Vidriosas tiene alma y corazón. Y el corazón es su gente. Además, tiene todo un proceso de desarrollo de innovación, pensado en no afectar el medio ambiente”, explica.

Las vecinas del barrio Virgen del Carmen, en El Agustino, se han sumado a Vidriosas, a partir de los esfuerzos de Lola Apolinario y Max Atachao de Imaginarios Perú y el apoyo de Coca-Cola.

El vaso va quedando listo. El resultado asombra: una botella de Coca-Cola de 300 mililitros convertida en un nuevo producto. Práctico. Ingenioso. Otras botellas seguirán el mismo camino. Una tras otra hasta llenar una caja, en la que se explica cuánto bien se le hace al planeta con esta compra: 2.000 botellas rescatadas de la basura y cinco asociaciones de recicladores impactados.

“Coca-Cola, como aliado, nos ha permitido dar grandes pasos. Desarrollar proyectos que impactan en mujeres a partir del empoderamiento. Pero también desarrollar nuevos productos hechos 100% con material reciclado, que promueven el empleo de más mujeres”, dice Lola. La felicidad no le cabe en la sonrisa. Abraza a todas por haberse esforzado. Las anima a hacer un brindis en estos nuevos vasos. El vidrio resuena. Son ellas: Vidriosas.