En 2017se animaron a unir las oficinas de Buenos Aires con las de Santiago de Chile con una bicicleteada por postas que se extendió durante 8 días entre paisajes rurales, pequeños pueblos y altas cumbres. La unión que se generó gracias a esa experiencia quedó grabada en la memoria de cada uno de los participantes. Con ese recuerdo en mente, el equipo de Coca-Cola América del Sur decidió este año doblar la apuesta con un desafío de dimensiones épicas: una travesía de 3 días en pleno desierto de Atacama, el lugar más árido del planeta.

“Este año quisimos recrear la magia de 2017 y evolucionarla a una experiencia de aprendizaje en el marco de un paisaje desafiante como es Atacama. Quisimos demostrarnos que podemos lograr lo que nos propongamos como equipo, y llegar más alto como personas”, explica Florencia Díaz, Líder de Transformación Cultural en Coca-Cola América del Sur.

Con ese objetivo en mente, 180 colaboradores de Coca-Cola de Argentina, de Chile, de Bolivia y de Perú desembarcaron en el desierto para participar de las actividades previstas, ideadas para sacar el máximo provecho a la experiencia.

Organizados en seis equipos, conformados con “la mayor diversidad posible de países, género, edades, jerarquías y áreas funcionales”, los integrantes de esta aventura pudieron elegir entre un amplio abanico de posibilidades según su preparación física e interés personal. Exigentes circuitos de mountainbike y escalada, desafiantes cabalgatas, emocionantes descensos de sandboard y sesiones de yoga y meditación en medio de un entorno paradisíaco, actuaron de antesala para las reuniones de teambuilding que pusieron sobre la mesa lo mejor de cada jornada.

“Fue un desafío personal y un desafío de grupo”, comenta Franck Salmon, Vicepresidente de Marketing de la región. “Los equipos pudieron entrenarse en liderazgo y empaparse de los nuevos pilares de cultura, para poder llegar más alto como personas y como profesionales”.

“Lo potente de esa actividad fue que no nos sentimos pendientes del entorno como en una sesión típica de entrenamiento en la oficina”, destaca Florencia,  “todo eso, sumado a que compartimos tres jornadas completas con nuestros colegas en un contexto más desafiante, permitió que afloren actitudes nuestras muy auténticas”.

El entorno, en efecto, cumplió un rol fundamental: el paisaje inhóspito y la aridez circundante cumplieron un doble propósito: orientar la mirada hacia el “adentro” de cada uno y, al mismo tiempo, saberse consciente de que los grandes objetivos necesitan de un “otro”, del prójimo, de un equipo, para hacerse realidad.


 

“Fue impactante constatar la fluidez de las interacciones cuando logramos trascender áreas y jerarquías, y las posibilidades que se nos abren cuando sabemos pedirayuda”, agrega Florencia.

Como no podía ser de otra manera, el encuentro también contempló una actividad de trabajo comunitario. En línea con la iniciativa “Un Mundo sin Residuos”,que la Compañía impulsa a nivel global, los participantes del encuentro recolectaron una “montaña” de material reciclable.

Y, por supuesto, también hubo lugar para las largas sobremesas, rondas de mate, y, cómo no, para la contemplación de uno de los más límpidos cielos nocturnos del que se pueda ser testigo.

Puestos a reflexionar sobre el aprendizaje que les dejó la experiencia, Franck destacó “el beneficio de parar, recuperar energía y seguir”. Florencia, en tanto, lo transmitió de esa manera: “En el plano profesional, destaco la importancia de generar ocasiones para reforzar los lazos del equipo y la riqueza de crear un contexto potente para el aprendizaje. En el plano personal, destaco la importancia de la cohesión del equipo cuando se participa de una actividad que involucra tantas personas. Aprendí a fluir con los acontecimientos, más allá de los planes”.