Indyra Oropeza era un cuerpo despojado de todo. Un cuerpo irreconocible ante sus propios ojos. Uno que intentaba mantenerse en pie ante la inminencia de un trasplante de médula y más de 25 quimioterapias en menos de una semana.

Una tarde del 2016, al entrar a una sala de una clínica limeña, su cuerpo pareció rendirse. Había llegado a su límite. Parecía el final. Pero entonces sintió el llanto de su hija, era el llamado de la vida.

“Abrí los ojos y vi a un doctor, dos enfermeras y a mi madre”, relata ahora, a sus 25 años, ante más de 50 niñas que la observan curiosas en un auditorio en San Borja. Como ha ocurrido en los últimos tiempos, Indyra se ha dedicado a contar cómo pasó de ser una chica promedio, “tímida e invisible, que no era ni la más estudiosa ni la más simpática del salón”, a una mujer que puede mostrar las marcas de una guerra de casi cinco años con una enfermedad que la motivó a convertirse en bloguera, escritora e inspiración de miles de mujeres.

“Sé que no me veo muy aguerrida”, advierte a la multitud. Ahora es una conferencista con un catéter en el pecho y el cabello ha vuelto a cubrir su cabeza, pero el cáncer sigue siendo un habitante silencioso dentro de ella. Pero Indyra ha descubierto que hay algo que no podrá alterar jamás: su esencia.

“Cuando nos quitan cosas como el cabello, las cejas o algunos kilos del cuerpo, te dejan solo a ti. Solo eres tú. No Indyra con cabello largo o Indyra la que estudia o Indyra la que trabaja. Solo Indyra. Ahí te das cuenta de lo que vales”, dice con la voz quebrada. El público aplaude y ella, radiante, baja del escenario.

Pero la vida no es una charla inspiradora. Y ella lo sabe. Así como se convirtió en madre de Tatiana a los 17 años, en embajadora de diversas organizaciones de lucha contra el cáncer y escritora del libro “Con L de leucemia” (Planeta, 2017) a los 24, está decidida a poner el cuerpo.

¿Qué crees que te permitió convertirte en un ejemplo para otras mujeres?

Fue caerme un montón, equivocarme, lloran un montón. Pero me di cuenta que nosotros nos somos nuestras circunstancias, no somos lo que nos pasa. Somos los que hacemos a través de eso que nos pasa. Con el blog, el libro y las conferencias pude tomar lo que me había pasado y crear cosas bonitas. Es lo que estoy haciendo.

¿Cómo conseguiste transformar lo adverso en algo hermoso?

Es el arte de voltear la tortilla. Cuando nos pasan cosas bonitas decimos qué genial, pero cuando nos pasan cosas malas es cuando se aprende. Se trata de ver la lección y no la herida. Para mí probablemente el cáncer fue lo peor que me pudo pasar en el mundo cuando recién me diagnosticaron, pero ahora viéndolo en retrospectiva, no viendo la herida sino la lección que me dejó, yo no sería la persona que soy ahora sin el cáncer.

¿Qué tan importante ha sido construir una comunidad en torno a tu libro?

A mí me diagnosticaron en 2013 y pese a buscar grupos de apoyo, no encontré a nadie. Durante el proceso, antes de crear la fanpage y el libro, me sentí bastante sola, porque no es lo mismo tener a una persona que te diga ‘vas a estar bien’, a que te lo diga alguien que está pasando lo mismo que tú. Crear la página ha conectado a bastantes personas con las mismas circunstancias y los mismos diagnósticos. Así todos se sienten más acompañados y ven la luz al final del túnel. Algunos me ven y me dicen. “Tú ya estás recuperada, entonces yo también voy a poder recuperarme”. Es bonito dar esperanza a otros.


¿Sospechabas siquiera algo de tu presente después de ser “una niña promedio”?

Nadie se lo imaginaba. La más sorprendida soy yo. Me parece genial haber tomado una situación tan adversa y que al principio parecía lo peor que me pasó en la vida, y haberla convertido en cosas tan bonitas. Ahora estoy en trámites para constituir mi propia ONG, soy embajadora de diferentes organizaciones, acudo a hospitales a ayudar y estoy por escribir mi segundo libro que sale a fin de año.

Después de cinco años de lucha, ¿cómo imaginas el día después de la recuperación?

Estoy esperando por fin llevar una vida normal.  Yo siento que el logro de mi vida es haber ayudado a más personas, haber sacado algo bonito de lo malo que me pasó, compartir mi experiencia y ayudar a todos, escribiendo un libro o dirigiendo una ONG.